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La Torre de Peñalba (opcional la cresta Peñalba-Diego Mella)

La Torre de Peñalba es el último eslabón del contrafuerte que, desde la loma de la Palanca, se proyecta hacia el suroeste, separando el Pamparroso del hoyo del Llambrión.

Torre de PeñalbaVertiente oriental de las torres Peñalba, Delgado Úbeda y Diego Mella.

Si algo caracteriza a esta montaña, además de su atractiva traza elevándose sobre la suavidad de Collado Jermoso, es la pésima calidad de la roca tanto en su base como en su cima. Por fortuna, entremedias, la caliza mejora considerablemente.

La Torre de Peñalba desde la Torre de la PalancaLa Torre de Peñalba (caras norte y este) y su antecima sur. Fotografía tomada desde la Torre de la Palanca.

Pese a su fama, se trata de una cumbre solitaria y difícil de alcanzar; su ascensión más sencilla culmina con dos largos de escalada, sobre cuyo grado de dificultad la disparidad de criterios resulta desconcertante. Nosotros estimamos una dificultad para ambos de IV+.

Torre de PeñalbaDetalle de la cumbre. Delante, la antecima sur hendida por el Gran Diedro.

Tradicionalmente, la vía normal discurría íntegramente por la descompuesta ladera occidental de la torre, la que da al Pamparroso; pero, para obviar en parte los problemas asociados a la mala calidad de la roca en los tramos inferiores de esta vertiente, hoy la ascensión se suele iniciar en la cara sur de la montaña, aprovechando una marcada rampa, impresionante desde la distancia, que permite enlazar con la vía normal a una altura donde la roca es ya mucho mejor.

La Torre de Peñalba desde la ladera de la Torre Delgado ÚbedaCara norte de la Torre de Peñalba, fotografía tomada desde la ladera de la Torre Delgado Úbeda.

Desde Collado Jermoso (2.060 m), seguimos el camino a la Palanca, y, tras superar el primer resalte (2.260 m), abandonamos la senda balizada para dirigirnos hacia las paredes de la torre.

Nos encontramos al sureste de la montaña, y debemos rodearla por su muralla meridional para situarnos en la ladera occidental, único lugar por donde es posible subir sin escalar hasta la brecha cimera.

Ascensión a la Torre de PeñalbaVista de la Torre de Peñalba desde las Colladinas.

Ascensión a la Torre de Peñalba

Ascensión a la Torre de PeñalbaDos detalles de la rampa y su acceso.

Cruzamos una escupidera, y, de las dos fajas herbosas dibujadas en la base de la peña, tiramos por la más baja.

Ascensión a la Torre de PeñalbaTrasponiendo la faja herbosa para entrar en la canal.

Entramos de este modo en una sombría y descompuesta canal, en la vertical del Gran Diedro.

La cruzamos en descenso para dirigirnos hacia una marcada vira dibujada en el lateral opuesto. Este descenso resulta delicado por la mucha rocalla acumulada en la pendiente: imprescindible extremar la atención para evitar cualquier resbalón que pudiera deslizarnos canal abajo.

Ascensión a la Torre de Peñalba

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la canal, descendiendo hacia la vira.

La vira, de escasa pendiente, es lo suficientemente ancha como para transitar por ella sin problemas, aunque, por supuesto, sin bajar la guardia, pues no hay antepecho que nos proteja del precipicio de la izquierda. La recorremos hasta su final.

Ascensión a la Torre de Peñalba

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la vira.

Desde el final de la vira, trepamos directamente hasta la rampa. En este tramo (II/II+), la roca mejora considerablemente, pero tiene algún pasaje muy aéreo.

Ascensión a la Torre de PeñalbaTrepando hacia la rampa.

Una vez al pie de la rampa, la remontamos con precaución, pues, aunque carece de dificultades técnicas, su progresivo estrechamiento termina obligándonos a asomarnos decididamente el vacío.

Ascensión a la Torre de Peñalba

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la rampa.

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la salida de la rampa, con las peñas Cifuentes al fondo.

Superada la rampa, una travesía hacia la izquierda nos lleva a la ladera occidental de la montaña. Aquí enlazamos con la vía considerada normal, cuyos tramos más farragosos y descompuestos hemos logrado esquivar.

Ascensión a la Torre de Peñalba

La Torre de Peñalba desde ValdeónEl itinerario por la cara oeste de la torre visto desde el valle de Valdeón.

Ascendemos, entonces, por una larga pendiente de sólidas gradas que desemboca en la brecha abierta entre la Torre de Peñalba y su antecima sur.

Ascensión a la Torre de Peñalba

Ascensión a la Torre de PeñalbaFácil trepada por la vertiente del Pamparroso.

Hasta aquí, las dificultades no han sido excesivas. Solo cabe destacar el peligro que supone la roca suelta en la canal de acceso a la rampa, la aérea trepada hasta su inicio, y la propia rampa, fácil pero expuesta.

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la brecha, al pie del torreón cimero.

Antes de acometer el torreón final, conviene tomarse un respiro y, si la pereza lo permite, ascender a la antecima de la montaña, algo que resulta rápido y sencillo (II).

Ascensión a la Torre de PeñalbaBreve trepada para coronar la abismal antecima sur.

En la antecima, además de disfrutar de una amplia panorámica del valle de Valdeón y el propio Collado Jermoso, se puede estudiar detenidamente la estructura del torreón cimero.

Ascensión a la Torre de PeñalbaEl valle de Valdeón desde la antecima.

Desde aquí se observa cómo la continuidad de la pared se ve interrumpida por una cómoda terraza provista de reunión (chapa y clavija), lo que permite dividir en dos largos su escalada.

Ascensión a la Torre de PeñalbaTorreón cimero de la Torre de Peñalba. Fotografía tomada desde la antecima sur.

En la base del torreón vemos una gran roca adosada a la pared, y, a ambos lados de la roca, dos fisuras que ascienden hasta la terraza. Nosotros escalamos la fisura de la derecha, por ser la que está en la vertical de la reunión y la que se cita en las escasas reseñas que habíamos encontrado. La roca es buena, sólida, compacta y... muy escasa en apoyos y agarres, sobre todo, en su primera mitad. Es cierto que se protege bien con friends medianos y pequeños, pero, salvo que tuviéramos el día cruzado, nos pareció mucho más difícil que el III+ que se le suele asignar. De hecho, nos resultó más complicado este primer largo (para nosotros un IV+) que el segundo. Nos queda la duda de la dificultad de la fisura de la izquierda.

Ascensión a la Torre de PeñalbaAcabando el primer largo.

Donde no hay dudas es en el segundo largo: una evidente fisura (un par de pasos de III) que arranca de la terraza intermedia unos metros a la izquierda de la reunión, y que termina en un desplome (IV/IV+) donde la roca empeora notablemente. Se sale así directamente a la enorme "escombrera" de la cima (2.466 m); está todo tan descompuesto aquí arriba que hay que ingeniárselas para asegurar al segundo sin tirarle encima alguna de las innumerables piedras sueltas que se acumulan en la cumbre, convertida en un auténtico pedrero por la acción destructora de los rayos y las duras inclemencias atmosféricas.

Ascensión a la Torre de PeñalbaEl segundo largo comienza unos metros a la izquierda de la reunión.

Ascensión a la Torre de PeñalbaEn la fisura del último largo, el paso más duro se encuentra en su pequeño desplome final (IV+); antes hay que superar un par de escalones de tercer grado.

Ascensión a la Torre de PeñalbaLlegando al enorme canchal de la cumbre.

Torre de PeñalbaEn esta fotografía tomada desde la Torre del Friero, se observa también la enorme cantidad de piedra suelta que se acumula en la cumbre de la montaña.

Para descender, lo más conveniente es rapelar por la cara norte, utilizando las tres instalaciones equipadas con chapas y cable de acero.

Ascensión a la Torre de PeñalbaPreparando el primer rápel. Observe la gran cantidad de piedras sueltas que hay por debajo de la instalación. Es muy fácil que el mero roce de las cuerdas haga que alguna ruede pared abajo.

Rapeles en la cara norte de la Torre de PeñalbaPosibles rápeles en la cara norte. En amarillo, rápeles instalados con cable de acero y spits (la ubicación del segundo tinglado es aproximada). En rojo, posible variante que utiliza una reunión con dos clavijas de una de las vías de la cara norte. Estos dos rápeles no llegan a la horcada con la Torre Delgado Úbeda, sino al hombro que se eleva unos ocho metros sobre dicha horcada. Todavía se requiere un tercer rápel (provisto también de cable de acero) para, sin necesidad de bajar a la horcada, alcanzar el suelo. Son necesarias dos cuerdas de 60 metros.

En el último rápel, situado sobre el hombro que se eleva unos ocho metros sobre la horcada con la Torre Delgado Úbeda, en lugar de descender hacia el hoyo del Llambrión (que es hacia donde apunta la instalación), guiamos las cuerdas por un canalizo de la roca, y bajamos a la horcada. Después, completamos la cresta ascendiendo a las torres Delgado Úbeda y Diego Mella.

Vistas desde la cima

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