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Coronar las tres cimas de los cuetos del Albo requiere desenvolverse con cierta soltura por terreno complejo y escarpado, donde, además, la orientación puede suponer, a veces, un problema añadido. Si bien la ruta carece de grandes dificultades técnicas (máximo II+ en las cumbres y III en el descenso del corredor del Albo), no está de más tener presente que (sobre todo en el Neverón y el pico del Albo) transitaremos por terreno abismado, arropados por un considerable vacío.
| Cuetos del Albo |
Desde el jou de los Cabrones (2026 m), tiro, durante algo más de dos kilómetros, por la senda a la vega de Urriellu. Dejo atrás la horcada Arenera (2273 m, 1,9 km), y, unos 300 metros más allá, antes de doblar el contrafuerte del Neverón de Urriellu (2230 m, 2,2 km), abandono el camino balizado para descolgarme al hoyo que, presidido por el Neverón del Albo, tengo a mi izquierda (2190 m, 2,4 km). Hasta aquí se puede llegar de forma más cómoda y rápida desde la propia vega de Urriellu.
Vía de ascensión al Neverón del Albo.
Remontando los inestables canchales de la vertiente opuesta del hoyo, me topo con el amplio afloramiento calizo que desciende de la última Torre Arenera. Lo rodeo por abajo (derecha) para entrar en la pedregosa canal encerrada entre el afloramiento y los paredones del Neverón del Albo.
Aprovechando el terreno más firme de su borde izquierdo, asciendo por la canal hasta que se extingue, ocupada por un pedrero, y coronada por un hemiciclo calizo (2280 m).
Desde aquí, mirando hacia la cumbre del Neverón del Albo (derecha), veo más arriba dos angostas canales, una de ellas, la que me interesa, obstruida por un bloque empotrado.
Así se ve la canal del bloque empotrado desde la cabecera de la primera canal.
Cruzo el pedrero, y trepo hacia ella (II). Superar el bloque empotrado (2320 m) es el único obstáculo cuya dificultad (II+) supera la general de toda la ascensión al Neverón (II).
Llegando a la canal del bloque empotrado.
El paso del bloque empotrado.
Remontada la canal, todavía he de ganar algo de altura para dar con el angosto y alargado rellano que, desde la última Torre Arenera, cruza de izquierda a derecha, la cara sureste del Neverón (2360 m).
La última Torre Arenera y, en primer plano, la ladera del Neverón del Albo y el cómodo rellano que la cruza.
Esta oquedad, situada en la vertical de la canal, unos metros por encima del rellano, puede ser útil, en un hipotético descenso desde la cima del Neverón, para localizarla.
Avanzo un trecho por el rellano, pero sin llegar a la arista este del Neverón. Unos metros antes de alcanzarla, trepo hacia un somero hombro visible a plena cresta.
Desde la sillada, antes de llegar a la arista, tiro directamente hacia arriba.
Desde el hombro, la inclinación y las dificultades menguan, y por el ancho lomo de la arista no tardo en coronar el Neverón del Albo (2433 m).
En la sencilla arista cimera del Neverón.
Comienzo a descender por la empinada ladera noreste del Neverón (derecha), para ir girando poco a poco a la izquierda y alcanzar la horcada (2380 m) que, dividida en dos por un picacho, lo separa del pico del Albo.
Itinerario aproximado de descenso del Neverón.
Rodeo el picacho por la derecha, y me sitúo frente al pico del Albo, cuyo alargado y vertical espolón oriental parece cortar de raíz cualquier posibilidad de seguir avanzando.
Sin embargo, escudriñando con atención el muro, observo una diminuta brecha por la que parece posible salvar el escollo y acceder al otro lado de la pared, donde la pendiente pinta más amable. Desde cerca, el mínimo tolmo que da forma a la brecha sirve para localizarla.
Pico del Albo. Desde la distancia la brecha de paso, mimetizada con lo que tiene detrás, no se aprecia.
De cerca, se ve claramente el portillo de paso al otro lado.
Hasta la brecha se llega trepando por una faja oblicua poco compacta que arranca unos metros por debajo de la horcada.
Desde los alrededores de Pandébano, se aprecia el itinerario que va del Neverón al pico del Albo.
Al otro lado de la brecha, toca bajar unos metros. Allí me espera una empinada canal (II) que destrepo con cuidado dada la dudosa calidad de su roca.
Brecha y canal.
La canal me deja en una ladera, pina pero transitable, por la que, con un notable vacío a mi espalda y sin dejar de trepar, gano la cresta cimera a escasos metros de la cumbre (2429 m).
En el torreado escenario de la cresta cimera, cerca ya de la cumbre del pico del Albo.
La bajada del pico del Albo es más sencilla que la del Neverón, pero, de igual forma, comienzo a descender hacia la derecha, para girar después al norte (izquierda) y por una banda herbosa llegar al horcajo que lo separa del cueto del Albo, horcajo que no es otra cosa que la cabecera del corredor del Albo (2383 m).
Descenso del pico del Albo.
Desde el horcajo, ascender directamente a la cumbre del cueto del Albo resulta complicado. Es menester rodear por la izquierda el notable valladar que se interponen en mi camino. Sirve para ello como referencia una cercana aguja en la ladera de la montaña, bien visible desde el horcajo. Debo pasar entre la aguja y la pared, perdiendo antes unos metros por el corredor del Albo (izquierda).
Detalle de la aguja que sirve de referencia para iniciar la ascensión al cueto del Albo desde el horcajo.
Desde esta primera aguja, veo más arriba y a mi izquierda otras dos que forman una horquilla hacia la que sube una canaleta anaranjada. Asciendo por ella.
Remontando la canal anaranjada hacia las dos agujas (segunda referencia de la subida al cueto del Albo).
Finalmente, desde la horquilla, una breve cornisa conduce a la arista occidental de la montaña, por la que enseguida corono la última de las tres cumbres que forman el grupo de los Albos (2401 m).
Para regresar, mi recomendación es que se desande el camino de ida (en especial si se viene de la vega de Urriellu); un camino ya conocido, lo que supone una ventaja no desdeñable, y cuyo único punto problemático puede consistir en localizar desde arriba la canal de descenso del Neverón.
Yo no lo voy a hacer así porque me interesa conocer el corredor del Albo y el entorno de la Aguja Teresita.
El descenso del corredor del Albo visto desde el cueto del Trave norte...
... y desde el cueto del Trave central.
Retorno, por tanto, al horcajo entre el cueto y el pico del Albo, y comienzo a descolgarme por el corredor, que resulta ser un canalón muy pendiente, con mucha piedra suelta, sumamente estrecho en algunos tramos y salpicado de numerosos resaltes, todos cortos y de segundo grado, salvo los tres últimos, algo más largos y difíciles (III). Un paraje, en definitiva, arduo y de incómodo tránsito.
En el corredor del Albo.
Desciendo por el fondo del corredor, completamente encerrado entre sus bordes, hasta que el terreno a mi izquierda se abre, cosa que ocurre unos 180 metros más abajo (2200 m), y me permite salir de él por una canal secundaria que asciende hasta la horcadina que forma el pico del Albo con la Aguja Teresita (2220). Esta aguja y la María del Rosario son parte del poderoso contrafuerte noroeste del pico del Albo, un contrafuerte que, junto con el que desciende del cueto del Albo, delimita el corredor del Albo.
A la derecha de la imagen, la Aguja Teresita y su horcada. Fotografía tomada desde el cueto del Albo.
La horcadina es un bello rincón donde el verde de la hierba contrasta con una espectacular mezcla de calizas grises y rojas, estas últimas abundantes en fósiles.
La Aguja Teresita y tres detalles de las maravillas geológicas que atesora su horcadina.
Ya solo queda deslizarse por los pinos y resbaladizos pedreros que caen hacia el jou del Agua, para, por encima de esta depresión, enlazar con el sendero de ida a poco más de medio kilómetro del jou de los Cabrones.
| Vistas desde las cimas |
| Distancia (ida y vuelta) | 5,6 kilómetros |
| Ascensión acumulada | 770 metros |
| Track |
| Ascensiones en los Urrieles |

























