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Hoces del Duratón

Como unos nueve kilómetros al noroeste de Burgomillodo (limite norte del parque natural de las Hoces del Río Duratón), aguas arriba de San Miguel de Bernuy, el Duratón, encajado en calizas cretácicas, emprende un sinuoso trazado antes de remansarse en el embalse de las Vencías, cerca ya de Fuentidueña.

Hoces del Duratón

Río Duratón.

Se trata de una especie de versión en miniatura de los espectaculares meandros trazados por el río entre Sepúlveda y Burgomillodo: apenas se cuentan cinco revueltas, algunas muy someras, en el poco más de kilómetro y medio que, en línea recta, media entre el puente de San Miguel y la desembocadura del arroyo de Valdelacasa, lugar donde el terreno se abre, y el Duratón se ensancha represado por el dique del embalse.

Pese a sus reducidas dimensiones, las dos orillas de este tramo del Duratón constituyen excelentes escenarios para el paseo y la contemplación. Sobre todo cuando chiringuitos y actividades turísticas se toman un respiro, y la naturaleza recupera el silencio y la tranquilidad.

Barbo

Barbos (Barbus barbus) en el Duratón.

En esta ocasión, describiremos una ruta circular por la orilla izquierda del río, yendo cerca del cauce del Duratón, y regresando por la parte alta de los cortados.

Además de numerosos buitres, a lo largo del recorrido es posible divisar cormoranes, milanos reales, azulones, ánsares, fochas, cernícalos, cogujadas, mosquiteros, chovas, corzos, zorros, etc.

Buitre leonado
Buitre leonado

Buitre leonado

El buitre leonado, omnipresente en las hoces, tiene en las paredes esculpidas por el Duratón el lugar perfecto para nidificar.

En San Miguel (830 m), cruzamos el puente y tiramos por un sendero que va ganando altura suavemente por la margen izquierda del Duratón.

San Miguel de Bernuy

San Miguel de Bernuy y, en primer plano, los San Martines. El río comienza a encajonarse.

Justo después del primer recodo del río y antes de una primera vaguada, se encuentran las ruinas de las Ermitonas (840 m, 0,6 km). A la otra mano del curso de agua se divisan también los restos de otras dos ermitas medievales de estilo románico: los San Pedros y los San Martines.

Las Ermitonas

Las Ermitonas, ruinas de la que fue una ermita románica amurallada. En la pared que se alza al otro lado del río, hay numerosas buitreras, algo que será una constante a lo largo de todo el recorrido.

Los San Pedros

Los San Pedros.

Los San Martines

Los San Martines.

Hoces del Duratón

Apacible paraje en el segundo recodo del Duratón (orilla derecha), justo debajo de los San Martines.

Descartando una senda que por la izquierda se adentra en el páramo, continuamos por el sendero que marcha elevado sobre el río, aunque no tardamos en abandonarlo (860 m, 1,1 km) para acercarnos a la orilla bajando, sin muchos problemas, unos 20 metros gracias a una trocha que aprovecha, para tal fin, la primera oportunidad que ofrece el terreno.

El Duratón se dispone a iniciar su doble curva más espectacular, y nosotros lo seguimos a media ladera por debajo de Valderrangos, gracias a una cómoda traviesa herbosa que corre entre dos fajas de coloridos cortados: la inferior, que arranca del agua, y la superior, desde donde numerosos buitres vigilan nuestros pasos. El paraje pinta aguerrido, pero lo cierto es que la senda, aunque tenue, carece de dificultades.

Hoces del Duratón

Itinerario de ida (amarillo) y de vuelta (naranja) en la zona de Valderrangos.

Hoces del Duratón
Hoces del Duratón
Hoces del Duratón

En la traviesa.

Completada la doble curva (850 m, 1,9 km), nos descolgamos por una inofensiva cuesta hasta la misma orilla (830 m, 2 km), donde un sendero, más pisado que el anterior, se abre paso, a la vera siempre del río, por la ladera esmaltada de pinos de la Serranilla, en la base del pico del Cuerno.

Hoces del Duratón

En el sendero que corre a la orilla del río. Al fondo se divisa el pico del Cuerno.

De vez en cuando, recoletas praderas salpicadas entre los pinos se abren al Duratón, cada vez menos río y más embalse, y nos permiten contemplar su orilla opuesta, también engalanada de riscos y cortados, interrumpidos por el profundo tajo del arroyo de Valdelacasa.

También se divisa, en la misma ribera por la que vamos y relativamente cerca, el área recreativa de la Serranilla, a la que no llegaremos puesto que antes alcanzamos el ancho camino que sube al páramo de las Lastras (830 m, 3,3 km), por el que tiramos ladera arriba en busca del sendero de regreso (900 m, 3,8 km), de trazado similar al de ida pero dibujado, ahora, en el borde de los cantiles, entre 60 y 100 metros más arriba.

Alcanzamos, así, el pico del Cuerno (927 m, 4,8 km), atrevido balcón de generosas vistas hacia ambos lados del río.

Hoces del Duratón

En el pico del Cuerno.

Después de tomarnos un respiro, bajamos a Valderrangos (870 m, 5,6 km), para ver, con más perspectiva que a la ida, cómo el Duratón, que corre unos 60 metros más abajo, describe su doble curva más pronunciada.

Hoces del Duratón

En Valderrangos, contemplando la llamativa segunda revuelta del Duratón.

Por último, tras rodear una marcada vaguada, conectamos con el camino de ida (860 m, 6,5 km) y retornamos a San Miguel.

Distancia (ida y vuelta) 7,6 kilómetros
Ascensión acumulada 240 metros

Mapa de la ruta Track
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