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De Torre Blanca al Llambrión (cresta Torre Blanca-Tiro Tirso)

El tramo clave de esta larga ruta, en la que coronaremos cinco emblemáticas montañas de los Urrieles, reside en la cresta, corta pero muy agreste y aérea, que une Torre Blanca con Tiro Tirso.

Aunque carece de pasos de gran dificultad técnica (máximo IV), el tránsito por la cresta exige, a nuestro juicio y como condición imprescindible, un buen primero de cuerda, con un alto nivel de escalada, bregado en este tipo de terrenos y con soltura en el manejo del material. Recuerde que para abordar con seguridad parajes como este (expuestos, desprovistos de seguros fijos y con roca dudosa en algunos tramos) no basta con tener un buen nivel de escalada deportiva.

Nosotros llevamos el siguiente material: una cuerda de 60 metros, un aro de cinta de 240 centímetros, una cinta exprés extensible, una cinta exprés disipadora y cinco friends (camalots números: 2, 1, 0,75, 0,4 y 0,3).


Nuestra cresta presenta tres resaltes intermedios, uno de los cuales (el situado en el centro) es el notable jalón de la Torre Sin Nombre. Salvo por el último, que rodearemos por su descompuesta ladera norte, pasaremos por los otros dos, y, por supuesto, por las cuatro brechas que los delimitan.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoLa cresta Torre Blanca-Tiro Tirso vista desde la Torre de las Llastrias (noroeste).

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoDesde el Tesorero (noreste).

Torre Blanca y Tiro Tirso desde el collado de RemoñaDesde el collado de Remoña (sur).

Salimos esta vez de la horcadina de Covarrobres (1.933 m), hasta donde nos ha llevado Jesús (Hostal Remoña) en su taxi todoterreno.

El día, al igual que las previsiones que nos han tenido en vilo durante toda la semana, pinta en bastos: la niebla nos rodea y una lluvia, fina e insistente, comienza a formar pequeños charcos en las oquedades de las rocas.

Con la moral algo tocada, comenzamos a subir hacia Cabaña Verónica desde la Vueltona.

Hacia Cabaña VerónicaCamino de Cabaña Verónica.

Cuando la niebla lo permite, miramos de reojo hacia Tiro Llago, cuyas húmedas paredes se yerguen oscuras y amenazantes (o, al menos, eso nos parece a nosotros).

-Oye, Fran, ¿tú crees que con la roca en este estado podremos superar la placa de la cresta?

Y Fran responde, con aparente aplomo (aunque luego reconocería que albergaba las mismas dudas que yo), que la placa tiene algunos apoyos para los pies. Dejamos al lector el juicio sobre el efecto tranquilizador de tal respuesta.

Pasamos por Cabaña Verónica (2.320 m, 3,8 km) y bordeamos los hoyos Engros, donde, a pesar de encontrarnos a finales de agosto, persisten grandes neveros.

Hoyos EngrosEntrando en los hoyos Engros.

Al aproximarnos a Collada Blanca, la oscuridad que nos ha venido haciendo compañía comienza a ceder: hacia la Torre del Llambrión, una tenue claridad nos hace concebir esperanzas de que el límite superior de la niebla no esté lejos.

Collada BlancaCollada Blanca y los primeros rayos de sol de la jornada.

Con la ingenua creencia de que nuestra suerte había empezando a cambiar, desde Collada Blanca (2.372 m, 5 km) ascendemos por la hoy solitaria ruta normal a Torre Blanca; pero, cuando abandonamos la cresta para sortear los resaltes que anteceden a la cumbre, nos damos de bruces con un enorme nevero que se interpone en nuestro camino, y nos deja estupefactos.

Collada BlancaCollada Blanca y el arranque de la cresta noreste de Torre Blanca, con el Trasllambrión a la derecha, y los hoyos Engros a la izquierda.

Contábamos con la presencia de neveros en el Trasllambrión, por lo que habíamos planeado cuidadosamente el regreso: iríamos desde el Llambrión a la Torre de Casiano de Prado, para bajar por su soleada ladera suroeste a las Colladinas, donde cogeríamos el camino que por los Tornos de Liordes baja a Fuente Dé. Un plan que implicaba, claro, ir en zapatillas y dejar en casa los crampones y el piolet.

No contábamos con que una ladera abierta al este y situada a 2.500 metros de altitud pudiera almacenar, a estas alturas del año, tal cantidad de nieve dura.

Imposible de cruzar con lo que llevamos, nos decidimos a sortear el nevero por la rimaya (tenga en cuenta esta circunstancia si decide seguir el track que acompaña a la ruta), aferrándonos con la mano derecha a la pared, y cruzando los dedos de la izquierda para que ningún obstáculo nos obligara a dar media vuelta o deteriorara aún más nuestra ya de por sí muy maltrecha moral.

Con una facilidad que nos sorprendió, esquivamos así el nevero y salimos a la canal (ya sin nieve) que conduce a la brecha noreste, desde donde, sin más contratiempos, ganamos la cima de Torre Blanca (2.617 m, 5,8 km); la luminosa cima, habría que decir, porque nada más pisarla la niebla se abrió y la montaña puso ante nuestros ojos el camino con el que tanto habíamos soñado: una cresta (por la que aún jugueteaba la encainada) majestuosa y deslumbrante, pero, sobre todo, seca. Nuestra suerte, ahora sí, había cambiado definitivamente.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoEn Torre Blanca, a punto de iniciar el recorrido de la cresta. Al fondo, Tiro Tirso y, a su izquierda, la Torre de Casiano de Prado.

El descenso desde la cima de Torre Blanca a la primera brecha no plantea problemas, salvo un corto paso en el que, al estrecharse el filo, la exposición se incrementa (II).

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoPaso de segundo grado en el descenso desde Torre Blanca a la primera brecha.

Tampoco presenta obstáculos dignos de mención la subida al primer resalte, que es donde comienzan las verdaderas dificultades. Así, para bajar a la segunda brecha (minúscula, por cierto) es preciso efectuar un corto rápel (15 metros) desde un bloque.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoVista hacia Torre Blanca desde la ladera de la Torre Sin Nombre. La flecha señala el emplazamiento del primer rápel.

Cresta Torre Blanca-Tiro LlagoBloque desde el que rapelamos a la brecha que antecede a la Torre Sin Nombre (fotografía de Fran Nava).

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoEn el primer rápel.

Coronar desde esta segunda brecha la Torre Sin Nombre exige escalar una fisura situada ligeramente a la izquierda (sur) de la divisoria, un terreno empinado (III+), pero con abundantes presas, algo más escasas en la placa de salida, que se supera mejor por la derecha. El largo tendrá unos 15 metros. Luego, se llega caminando hasta la cima de esta recóndita montaña de más de 2.600 metros.

Ascensión a la Torre Sin NombreLargo en la ascensión a la Torre Sin Nombre.

Ascensión a la Torre Sin NombreEn el largo de escalada a la Torre Sin Nombre (fotografía de Fran Nava).

Muy probablemente esta sea la forma más fácil y, sobre todo, segura de coronar la Torre Sin Nombre, por lo que muy bien podría considerarse su vía normal de ascensión.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoLlegando a la cumbre de la Torre Sin Nombre.

En la cima de la Torre Sin Nombre, tres clavijas nos permitieron rapelar hasta la siguiente brecha. Se trata de un rápel largo, cercano a los 30 metros.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoSegundo rápel (fotografía de Fran Nava).

Desde la misma brecha, aseguramos la tirada que rodea por el norte el tercer resalte. La dificultad del largo, de unos 20 metros, ronda el tercer grado, pero la roca, como suele suceder en estas orientaciones, resulta muy poco fiable.

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoEn el segundo largo, sobre los abismos del Trasllambrión (fotografía de Fran Nava).

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoReunión del segundo largo.

La reunión de este largo la montamos antes de llegar a la última brecha, por lo que fue necesario recorrer andando la corta distancia que nos separaba de ella.

En la brecha, lazamos un bloque para asegurar la última tirada de la cresta (30 metros), donde se encuentra, nada más empezar, la mayor dificultad de su recorrido: una corta travesía sobre una placa cuyo único seguro es una vieja clavija (IV). La placa cuenta con pequeños agarres y algunos someros apoyos para los pies. Superada la placa, la dificultad mengua considerablemente (III).

Cresta Torre Blanca-Tiro Tirso

Cresta Torre Blanca-Tiro TirsoEl paso clave de la cresta.

Terminado el largo, ya solo nos resta recorrer andando los escasos metros que nos separan de la cumbre de Tiro Tirso (2.640 m, 6,1 km).

Bajamos de la montaña por la vía normal de la cresta noroeste, una vía expuesta y no carente de dificultad (II+), donde hay que seguir extremando las precauciones (vea para más información la ruta de ascensión a Tiro Tirso).

Cresta Torre Blanca-Tiro Tirso

Cresta noroeste de Tiro TirsoDescenso por la cresta noroeste de Tiro Tirso.

Luego, embocamos la muy cercana chimenea norte de la Torre del Llambrión (II+), por la que salimos enseguida a la segunda cumbre más alta de Picos (2.647 m, 6,4 km).

Chimenea norte de la Torre del LlambriónAcceso a la chimenea.

Con el silencio y la niebla (que seguía danzando unos metros por debajo de nosotros) como única compañía, permanecimos un buen rato en este afamado bastión, admirando cuanto nos rodeaba, y sintiéndonos afortunados por lo que la montaña, en un día como este, nos había permitido hacer.

Luego, tal y como habíamos planeado para evitar los neveros del Trasllambrión, nos llegamos hasta la Torre de Casiano de Prado (2.613 m, 6,8 km), desde donde descendimos a las Colladinas (2.200 m, 7,9 km) (si precisa más detalles de este descenso, vea la ruta a la Torre del Llambrión y la Torre de Casiano de Prado desde las Colladinas).

Ascensión a la Torre del LlambriónRuta seguida para bajar a las Colladinas desde la Torre de Casiano de Prado.

Y desde allí, por el asendereado camino que termina en Collado Jermoso, regresamos a Fuente Dé, distante unos tres kilómetros y medio por carretera de Espinama, donde habíamos dejado el coche.

Distancia (ida y vuelta) 19,2 kilómetros
Ascensión acumulada 1.040 metros

Distancia (ida hasta la T. Llambrión) 6,4 kilómetros
Ascensión acumulada 880 metros

Mapa de la ruta Track
Índice de ascensiones a la Torre del Llambrión
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