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Peña Ten

Ten es una colosal acumulación de calizas negras (Formación Barcaliente, Namuriense) que se extiende entre el valle de Valdosín (oeste), el collado de las Arriondas y Arcenorio (norte), la Vegadona y el puerto de la Fonfría (este), y el arroyo y la Peña de las Corvas (sur).

Peña TenPeña Ten (clic en la imagen para ampliar).

Para hacerse una idea de la magnitud de la cúpula de Ten, baste señalar que, entre el valle de Valdosín y Arcenorio, hay, en línea recta, una distancia de cinco kilómetros.

En la parte alta de sus laderas meridional y oriental, separadas por el abrupto relieve de las Corvas, quedan las huellas de dos circos glaciares, responsables de la peculiar fisonomía que exhibe la montaña cuando se observa desde el sur o el este. El mayor, el oriental, se presenta dividido en dos por un somero contrafuerte que baja de la cima secundaria.

Peña TenPeña Ten y sus dos circos glaciares. Fotografía tomada desde Peña Mora (clic en la imagen para ampliar).

El contraste entre la aridez extrema de la alta montaña y las idílicas praderas, generosas en fuentes y arroyos, constituye una de las características principales de Ten y su entorno.

La cima de esta conspicua montaña se puede alcanzar andando, pero sus vertiginosas laderas no están exentas de emociones y riesgos que hay que saber valorar, especialmente si el tiempo no acompaña.

En cambio, en el piedemonte, las vegas y los valles son la quintaesencia del sosiego. La niebla representa el único peligro objetivo con el que el caminante puede toparse en ellos.

La UñaLa Uña.

Desde La Uña (1.180 m), rebosante de frutales en las puertas del otoño, continúo por la carretera en dirección a Tarna durante unos ochocientos metros.

Poco antes de la fuente Turriente, dejo la calzada para seguir por la pista que sale a la derecha. Se trata del camino de Ventaniella, tradicional ruta de tránsito entre la Meseta y la costa oriental asturiana, que enseguida cruza el Esla, y se encamina, por la orilla izquierda del río, hacia el valle de Valdosín.

Nada más dejar atrás la espléndida llanura aluvial de la vega de Riosol (lugar donde este río se une al Esla), observo muy cerca del camino un puente de madera, pasarela que, de haber iniciado el recorrido en el área recreativa de Carbellares, me hubiera facilitado el acceso hasta donde estoy.

La alternativa de Carbellares permite no sólo acortar la ascensión, sino también contemplar los cimientos del santuario de San Miguel, recuperados en 2006. Las características de esta antigua ermita, erigida en la vega de Riosol, se encuadran en el denominado estilo románico rural.

ValdosinEn el valle de Valdosín, aproximadamente a la altura del establo, surge el Esla de la confluencia de los arroyos Valdosín, Naranco, del Puerto y de la Majada. Al fondo, empenachados de niebla, se distinguen los picos Lobil Cimero y Piedrahita. A la derecha de este último se abre el puerto de Ventaniella.

Pasada la vertical peña del Castiello (topónimo muy frecuente en la cordillera, indicativo, tal vez, de la existencia de un antiguo castro o lugar fortificado), abandono la pista en el punto donde el arroyo de las Corvas desemboca en el Esla (1.270 m, 3,9 km).

Por las praderas que quedan en la margen derecha del torrente, me aproximo a las faldas de Ten, pasando al lado de un soberbio acebal.

tenLadera meridional de Ten. Al pie de la montaña prospera un notable acebal.

En un corto espacio me topo con dos refugios (las majadas de Lario y Polvoredo). Rebasado el segundo, me dirijo hacia una canal herbosa y poco marcada que constituye el arranque propiamente dicho de la montaña (1.370 m, 4,9 km).

TenPanorámica de la riega de las Corvas y el valle de Valdosín desde el Baquerín.

La ladera sur, donde me hallo, no presenta ninguna dificultad técnica. Sólo subir y subir por terreno de acusada pendiente que, además, no ofrece ningún descanso al caminante. Conviene, eso sí, parar de vez en cuando y echar la vista atrás para contemplar el venaje del Esla: un haz de riatillos y valles que confluyen a los pies de la gran montaña.

Alcanzo así un alto collado (1.860 m, 6,3 km) desde donde se vislumbra, hacia el sureste, una parte de la majada de las Corvas. Aunque su núcleo principal dista más de un kilómetro, justo a mi lado, en la pradera que es la antesala del circo meridional de Ten, se conservan las trazas de dos construcciones de piedra.

La subida continúa por el borde occidental del circo sur, asomándose de vez en cuando a este gran anfiteatro de verticales farallones rocosos, colmado de canchales interminables.

TenCerca de la cumbre.

El tramo final de la ascensión, una travesía por la parte superior de la inclinadísima ladera noroeste de Ten, puede entrañar algún peligro con mal tiempo o el suelo mojado o helado.

Describir el panorama que se avista desde la cumbre (2.142 m, 7,4 km) se vuelve tarea imposible, pues, si el tiempo lo permite, tendremos a la vista un piélago de montañas en todas las direcciones.

Después de la dura subida, los verdes pastizales de la Vegadona, que se divisan hacia naciente, invitan a descender para disfrutar de sus apacibles praderas y frescos manantiales. Pero antes me doy un garbeo por estas solitarias alturas.

VegadonaLa Vegadona.

Recorro los casi ochocientos metros de la larga arista de Ten, hasta la punta oriental (2.082 m, 8,2 km) (aunque se hace andando, es preciso prestar atención en la parte final de este trayecto, pues en su cara norte la montaña se abisma hacia territorio asturiano). La recompensa incluye una de las mejores vistas de Picos y Sajambre. Por el borde del circo oriental, la bajada desde este vértice secundario no presenta ninguna dificultad. Pronto me encuentro disfrutando de las placenteras llanadas de la Vegadona y los frescos hontanares del Teyu y Fonfría.

Desde las praderas alimentadas por los neveros de Ten, me dirijo al puerto de la Fonfría, donde, aunque suele pastar una numerosa cabaña ganadera, el trasiego humano es más bien escaso.

En lugar de descender por el puerto, hasta donde llega, dando demasiadas revueltas, la pista que viene de La Uña y Polvoredo, recorto por el oeste del collado (1.650 m 10 km), y en poco tiempo alcanzo Matarcines y su establo (1.410 m, 11,7 km).

TenLos Campos de María.

Sigo bajando y, sin abandonar ya la pista, cruzo el río (1.320 m, 12,5 km), echo un buen trago en la generosísima fuente del Escobio, que mana en la base de la Sierra de Carcedo, y, en la llanada de los Campos de María (1.330 m, 13,6 km), tomo el ramal de la derecha, que, en unos dos kilómetros, me devuelve a La Uña.

Distancia (total) 15,8 kilómetros
Ascensión acumulada 980 metros

Mapa de la ruta Track
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