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Cabezo Llerosos por la canal de Saigu

En la vertiente meridional de Llerosos, al este de las Avareras, se abre la canal de Saigu, una de las más duras y desconocidas de la garganta del Cares.

Si miramos el mapa, veremos que Saigu asciende vertiginosamente desde la senda del Cares hasta el verde circo de los Arandanales, unas inclinadísimas y amplias pendientes herbosas.

SaiguCabezo Llerosos desde la ladera de los Cuetos del Trave. La canal de Saigu llega hasta los Arandanales (zona velada por la nube). Desde los Arandanales asciende, con cierta tendencia hacia la izquierda, la canal de Fuentes de Rama.

En el mapa se aprecia también como de los Arandanales, donde termina Saigu, arranca hacia el noroeste la canal de Fuentes de Rama, que sube, derecha también pero más pacíficamente, hasta la misma horcada de los Bueyes, a dos pasos de la cima de Cabezo Llerosos.

SaiguSaigu, los Arandanales y Llerosos desde Amuesa.

De lejos viene mi interés por la canal de Saigu. Pese a ello, el aura de misterio que siempre la ha rodeado e incluso el temor de que ni siquiera fuera transitable fueron retrasando mi inevitable encuentro con ella.

Y eso que, en las muchas veces que subí a Llerosos, nunca faltó el deseo de conocer lo que había al otro lado de la horcada de los Bueyes, pero, una y otra vez, el deseo fue refrenado por la prudencia; y no llegaba el día de conocer esa especie de atajo de los atajos, esa vía directa, salvaje y solitaria para ascender a Cabezo Llerosos desde las honduras del Cares que, combinadas, constituyen Saigu y Fuentes de Rama.

Para que ese día llegara, necesitaba un empujón, un punto de apoyo, un amigo con quien compartir la tensión emocional de lo arcano.

Hoy, por fin, ese día ha llegado. Y, atraídos por la belleza de unos nombres (Saigu, Arandanales, Fuente de Rama...), por los relatos de quienes nos precedieron y por las leyendas de quienes supieron encontrar su medio de vida en el corazón del caos, aquí estamos Miguel Ángel y yo, junto al puente de Saigu (430 m), en plena senda del Cares, a unos 6,5 kilómetros de Caín y 4 de Poncebos.

Corre el mes de julio, y a nuestro lado pasan y pasan personas que transitan por la senda en uno y otro sentido. Pero nosotros solo tenemos ojos para la inmensa canal que se alza sobre nuestras cabezas, prometiéndonos de todo menos compañía.

SaiguLlegando a la canal de Saigu desde Caín. Se aprecia el sendero que la atraviesa, a su altura cambiaremos de vertiente.

Empezamos a subir por la izquierda de la riega. Pero enseguida, a la altura de una senda que atraviesa la canal (460 m, 0,1 km), cambiamos de orilla. Continuamos durante un buen rato por esta mano, donde dominan las pendientes de hierba salpicadas por algunos pedreros. Toda esta zona baja de la canal de Saigu se denomina el Robro.

Al principio, la pendiente es muy fuerte, pero, enseguida, se amansa algo y la progresión, aunque esforzada, se hace más llevadera.

SaiguHacia el Cueto Argumoso.

Guía nuestros pasos la pétrea proa del Cueto Argumoso, que se yergue enfrente, cerrando el horizonte y separando la herbosa canal de Llamero (izquierda) de la pedregosa canal de Saigu.

SaiguEn el lateral derecho de la canal. Al fondo, la canal de Estorez.

De la base del Cueto Argumoso, se proyecta hacia nosotros una verde morrena, en cuyo arranque confluyen ambas canales.

SaiguEn rojo, el itinerario desde la riega al primer sedo. Se trata de un itinerario razonable, pero no podemos afirmar que sea el mejor posible. La perspectiva resulta muy engañosa: las pendientes son muy fuertes.

Aquí surge la primera duda. Hemos de dirigirnos hacia una especie de oquedad que se alza sobre las pendientes herbosas en la base de los paredones del Argumoso, a la derecha de la divisoria. La duda consiste en averiguar cuál será el mejor itinerario para llegar hasta allí: ¿el que por la derecha de la morrena, a la orilla de la riega de Saigu, parece más directo?, ¿el que por la otra mano de la morrena atraviesa un terreno con más vegetación?, ¿o el que discurre por la parte alta de la morrena?

SaiguA punto de cruzar el pedrero para alcanzar la base de la morrena.

De momento, nos dirigimos hacia la base de la morrena, abandonamos la ladera derecha por la que venimos progresando, y hacemos pie en el enorme pedrero de la riega de Saigu (700 m, 0,9 km).

Aquí, el pedrero acumula grandes rocas bastante estabilizadas. Al comprobar que, en esta zona, es fácil ascender por él, decidimos tirar por la derecha de la morrena.

SaiguSaliendo del pedrero en dirección a la morrena.

En cuanto el terreno lo permite, abandonamos el pedrero para orillarnos aún más a la morrena. Una faja de terreno con abundante vegetación permite progresar con relativa facilidad.

Los dos párrafos siguientes podríamos haberlos omitido. Sin embargo, creemos que contienen información relevante para evitar el error que nosotros cometimos. Para separarlos del resto, van en rojo y en cursiva.

A nuestra derecha, el rumor del agua, saltando en pequeñas cascadas por la riega de Saigu, llama nuestra atención. El día es caluroso y, no sabiendo lo que nos espera, no sería mala idea rellenar las cantimploras.

Nos vamos al cauce y, tras aprovisionarnos de agua, en lugar de desandar nuestros pasos y regresar a la franja herbosa, decidimos seguir riega arriba. Grave error. El terreno, que hasta aquí había sido aceptable, se transforma de repente en un inestable infierno que se desmorona a cada paso. Cuando, por fin, salimos del cauce, nos encontramos con una fortísima pendiente de hierba salpicada de escupideras que nos hace sudar tinta. Al alcanzar los resaltes del Cueto Argumoso, nos encontramos extenuados y sin aliento.

Quedamos, pues, en que, desde la faja herbosa al pie de la morrena, bajo ningún concepto hay que adentrarse en la riega para ascender por ella.

Lo que hay que hacer es precisamente lo contrario: aprovechar un canalizo de hierbas altas para tirar a la izquierda y auparnos a lo alto de la morrena con la finalidad de progresar por la divisoria (940 m, 1,6 km). El terreno es duro y muy pendiente, pero incomparablemente mejor que el que nos encontraríamos de subir por el cauce de la riega.

Alcanzadas las paredes del Argumoso (1.000 m, 1,7 km), viene lo que, en nuestra opinión, es el tramo más delicado de la canal. A la derecha de los escarpes, sube una franja de terreno herboso por la que tenemos que tirar. Se trata de una lisa pendiente de altas hierbas más fuerte aun que las anteriores. Asir los matojos de hierba se vuelve imprescindible para no deslizarse por la cuesta abajo. Se puede decir que estamos escalando en hierba.

SaiguLa fuerte pendiente de hierba que antecede al primer sedo.

Por fin, la fortísima y resbaladiza pendiente de hierba termina (1.070 m, 2 km). Respiramos aliviados. Solo hay un pequeño problema: que acaba al pie de unos farallones inexpugnables (la oquedad que veíamos desde abajo). Eso es, al menos, lo que nos pareció cuando, sin resuello, llegamos hasta allí. ¿Tendríamos que bajar por la cuesta imposible por donde habíamos subido? ¿Sería esta la respuesta de Saigu a los dos alfeñiques que habían osado hollar sus dominios? Nos miramos perplejos.

Pero, normalmente, no es mirando la cara del otro como se sale de estos lances, sino mirando alrededor. Y, en cuanto lo hicimos, vimos lo que desde el principio tendría que haber sido evidente: a nuestra derecha, una rampa (llamémosla primer sedo), fácil (muy fácil comparándola con lo que habíamos pasado), salvaba el anfiteatro rocoso y accedía a una canalilla herbosa.

SaiguEl primer sedo.

saiguLlegando al primer sedo.

SaiguEn el primer sedo.

Salvado el sedo, cruzamos la canalilla herbosa para ganar el hombro que tenemos enfrente (1.110 m, 2,1 km). El terreno sigue siendo muy pendiente y expuesto, pero conserva trazas de sendero y resulta algo más fácil que el anterior.

SaiguLa travesía de la canalilla herbosa.

SaiguEn la travesía.

SaiguLa cabecera de la canal de Saigu vista desde la divisoria con la canal de las Avareras.

Justo por encima del hombro se alza el sedo de los Arandanales. Hay que describir una pequeña curva hacia la derecha y subir unos metros para alcanzar la base del sedo.

Sedo de los ArandanalesEl sedo de los Arandanales.

El sedo de los Arandanales discurre por un muro de buena roca con abundantes presas (II/II+), que se supera describiendo cortos zigzags. En su parte alta, todavía permanece, perfectamente encajada en una fisura, la herradura que los pastores utilizaban para asegurar el paso.

Desde la herradura, todavía hay que trepar algunos metros para acabar de remontar el sedo. Se puede tirar hacia la izquierda o hacia la derecha; no sabríamos decir cuál es la mejor opción, aunque, por la abundancia de agarres, es posible que los pastores treparan hacia la derecha.

Sedo de los Arandanales

sedo de los ArandanalesSuperando el sedo de los Arandanales.

Sedo de los ArandanalesLa herradura del sedo de los Arandanales.

Las dificultades, que no la dureza, terminan al llegar a los Arandanales (1.180 m, 2,2 km). De justicia es que, antes de proseguir, rindamos tributo a los pastores que subían hasta aquí con sus rebaños para aprovechar los verdes pastos que medran en estas pinas pendientes. Nosotros, delicadas criaturas de ciudad, hemos llegado hasta aquí por gusto, no por necesidad, y, ahora mismo, despertados de su letargo por el esfuerzo, el estrés y las contorsiones, nos están doliendo músculos que ni siquiera sabíamos que existían. Pese a ello, y pese a separarnos la brecha irreversible del tiempo, cuando paseamos la mirada por el rimero de riscos que nos envuelve, nos sentimos cerca de aquellas vidas antiguas y esforzadas, y hasta nos parece que nos hubiera gustado vivirlas. Se ve que el esfuerzo, el estrés y las contorsiones no solo han afectado a nuestros maltrechos músculos.

SaiguIniciando la canal de Fuentes de Rama, con los Arandanales de telón de fondo.

La verde canal de Fuentes de Rama continúa ascendiendo, con rumbo noroeste, por el borde occidental de los Arandanales. Su pendiente es fuerte, pero ya no hay necesidad de ayudarse con las manos, salvo en algún tramo puntual.

Fuentes de RamaLa muria que separa las dos partes de Fuentes de Rama.

Más arriba (1.410 m, 2,7 km), la canal hace un escorzo hacia la derecha. Unos metros más allá, nos topamos con una muria que impide al ganado penetrar en la parte abismal de Fuentes de Rama.

SaiguLas suaves pendientes de la segunda mitad de la canal de Fuentes de Rama.

A partir de aquí, la pendiente suaviza y, si no fuera por el cansancio acumulado, diríamos que ya solo nos queda un largo pero placentero paseo hasta la horcada de los Bueyes (1.696 m, 3,7 km), desde donde no se tarda gran cosa en llegar a Llerosos (1.795 m, 4,2 km).

LlerososLa horcada de los Bueyes.

En la cima de Llerosos, el paisaje, como siempre, es espectacular.

LlerososDe izquierda a derecha: el Cuvicente, Peña Blanca, la Robliza y Peña Santa. Fotografía tomada desde la cumbre de Cabezo Llerosos.

Pero esta vez la atención sigue prendida en los recovecos de Saigu. La difícil y anhelada canal ha dejado de ser un misterio; ahora, forma ya parte de nuestra zona de confort. Han sido tan fuertes las sensaciones que, sin duda, volveremos más de una vez a sumergirnos en sus entresijos. Siempre con respeto, siempre recordando las intensas emociones vividas en este nuestro primer recorrido por ella.

Para descender al Cares, véase, por ejemplo, Cabezo Llerosos desde Caín por las canales de Culiembro y la Raya.

Distancia (desde el Cares, solo ida) 4,2 kilómetros
Ascensión acumulada 1.370 metros

Mapa de la ruta Track
Índice de ascensiones a Llerosos
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