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Circuito alrededor del cordal de Remoña

En este lluvioso domingo del mes de agosto, me propongo rodear el cordal de Remoña llegando hasta Fuente Dé y regresando a Valdeón. Se trata de un itinerario carente de dificultades técnicas, pero muy duro, pues salva un desnivel de 1.370 metros en un recorrido de más de 18 kilómetros. La excursión se puede acortar y suavizar iniciándola y terminándola en Fuente Dé (960 metros de desnivel y 14 kilómetros).

Comienzo a caminar en Cañabedo (1.370 m) y, como si fuera a la Torre de Salinas, me dirijo al Alto del Sedo (2.020 m) (véase aquí la descripción de este tramo).

RebecoRebeco en el sedo de Remoña.

En el collado de Remoña (2.035 m), convergen las dos posibles vías de ascenso desde el Cabén: la del sedo de Remoña y la de la canal de Pedabejo. El collado es un elevado portillo que da vista a la ladera oriental de la Torre de Salinas, y desde el que se divisa (si el tiempo lo permite) el Llambrión y su séquito de altas cimas.

Para alcanzar la vega de Liordes es preciso descender por un marcado sendero unos 150 metros. La vieja caseta, levantada a la entrada de la amplia llanada y hoy vacía, me viene de maravilla para guarecerme durante unos minutos, ponerme algo seco y reponer fuerzas.

Vega de liordesLa Padierna, la vega de Liordes y su casetón.

Después, tras saltar el riachuelo que nace a los pies de la Padierna y se esconde en el subsuelo en la base del Tiro de Pedejo, me encamino al collado de Liordes (1.954 m), en el extremo oriental de la vega.

La extensa pradera, una de las mayores de Picos, es en realidad un poljé. Los que saben de estas cosas llaman poljé a las grandes depresiones formadas en los macizos kársticos por la unión de dolinas o uvalas. Como ocurre en este caso, los poljés suelen estar tapizados por la arcilla procedente de la descalcificación de la caliza, y atravesados por un regato que desaparece en un sumidero o ponor.

La vega de Liordes todavía conserva algunas huellas de su pasado minero, como bocaminas o escombreras. Los trabajos de extracción de cinc se desarrollaron principalmente en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Y es muy posible que lo más complicado no fuera arrancar el mineral, tarea ya de por sí peliaguda, sino bajarlo a Fuente Dé utilizando carros de bueyes que salvaban un desnivel de 900 metros por el pino camino de los Tornos de Liordes.

Tornos de LiordesLos Tornos de Liordes y Fuente Dé. Fotografía tomada desde el Coriscao.

En la actualidad, aunque por las deterioradas revueltas de los Tornos ya ni cuarteando podría avanzar un carro, el camino sigue siendo relativamente cómodo para quienes, como yo, van en el coche de San Fernando. Ruta muy transitada, me voy cruzando con pequeños grupos de personas que, desafiando al mal tiempo, suben a la vega de Liordes o Collado Jermoso.

A algo menos de 200 metros por debajo del collado de Liordes, aparece a mi derecha el Güertu las Patatas, sillada de la que arranca la angostura de la canal del Embudo, y donde, al parecer, y de ahí su nombre, los mineros sembraban patatas. Este lugar, es, según algunos, la puerta de entrada a los temibles voladeros de las Verdes de Peña Remoña, paraje agreste, solitario y muy peligroso, por el que antaño transitaban los esforzados pastores de la Peña, pastores que, como todo el mundo sabe, no conocían el vértigo.

EmbudoLa canal del Embudo.

LiébanaLa Liébana.

Con la imagen de los paredones de Remoña apareciendo y desapareciendo entre los jirones de niebla, me acerco poco a poco a las praderas de Fuente Dé (1.078 m), donde hago un alto para degustar las avellanas que maduran en las inmediaciones de la estación del teleférico.

Pese a lo desapacible del día, en el aparcamiento no hay muchos huecos. Les guste o no a los conservacionistas —entre los que a veces me cuento—, el hecho cierto es que estos ingenios mecánicos tienen una eficacia innegable a la hora de atraer flujos turísticos.

Fuente Dé

El circo de Fuente Dé y la estación superior del teleférico.

La ruta que me devolverá a mi punto de partida sale de la parte más alta del aparcamiento. Allí, el asfalto da paso a una ancha pista forestal, prohibida para vehículos de motor, excepto, según reza un cartel, «uso ganadero, acceso a fincas y transporte público». Otro cartel avisa del peligro que supone entrar en una zona de alta montaña. La verdad es que, yendo por este camino, la alta montaña queda todavía un poco lejos.

Asciendo por la pista principal, sumergido en el hayedo del monte Quebres y dando de lado los sucesivos desvíos a la derecha. De vez en cuando, el bosque se abre y aparecen a lo lejos las praderas y las casas de Pido.

En torno a los 1.200 metros de altitud, el camino llanea entre avellanos y alcanza la Fonfría: un par de cabañas y una fuente cuyo nacedero brota unos metros más arriba, en la umbría del hayedo.

De la Fonfría parten dos desviaciones: la de la izquierda baja a Pido, y la de la derecha se interna en Quebres. Descartando ambas, no tardo en salir al más nutrido grupo de construcciones de los invernales las Berrugas, de donde también arranca un ramal hacia Pido.

Las BerrugasLas Berrugas.

A partir de aquí, la subida se torna más consistente, y el hayedo se va transformando en robledal.

Enseguida, con el espectáculo del arroyo de Somo despeñándose a mi izquierda, llego a otra fuente (1.285 m) que luce el aviso de «agua sin garantía sanitaria». Por lo que se ve, hay una cierta propensión a fijar carteles en esta parte de Picos. No sé si para curarse en salud, por exornación o porque de verdad alguien se cree que más allá del borde de la civilización hay garantías de algo en algún sitio.

Campodaves

Campodaves y la pista que sube al Cabén. Al fondo, el circo de Fuente Dé y el macizo oriental.

Poco después de la fuente, viene la desviación a la majada de Bustantivo (1.330 m). Prosigo por el ramal de la derecha, que traza dos revueltas antes de encaminarse decididamente a poniente, mientras el bosque, otra vez de hayas, desaparece definitivamente (1.430 m), dando paso a una zona de derrubios cementados.

RemoñaPara llegar a la majada de Remoña, se abandona la pista antes de entrar en la faja boscosa que la cruza. En primer plano, a la otra mano del río Cantiján, la umbría majada de Bustantivo.

Medio kilómetro más allá, sale a la derecha la desviación a Campodaves (1.510 m); y, al cabo de otros quinientos metros, brota una tercera fuente (1.550 m). Casi enseguida, en la suave vega de Valcabao, donde crecen algunos espinos, dejo la pista para continuar subiendo por un senderillo marcado con pintura.

ValcabaoLa vega de Valcabao.

El sendero enfila hacia el noroeste, a trechos subiendo y a trechos llaneando hacia la izquierda. El altímetro marca 1.600 metros cuando franqueo una valla, muy posiblemente el límite entre León y Cantabria.

Majada Remoña

Majada de RemoñaLa majada de Remoña.

Poco después, doy con la majada de Remoña (1.670 m), desde donde, doblando al suroeste, el camino, cada vez más ancho, me deja nuevamente en el Cabén.


Para regresar desde Fuente Dé, existe otra ruta, a trasmano, sin señalización de ningún tipo y, en consecuencia, más difícil de seguir. Se trata de un itinerario que, desde el aparcamiento del teleférico, corre por la pista principal durante unos cuatrocientos metros para, en la primera desviación a la derecha (1.150 m), internarse en lo más profundo del monte Quebres (esta zona recibe el nombre de Boca Quebres).

QuebresEl monte Quebres.

La pista asciende por el denso hayedo con rumbo oeste, primero, y noroeste, después. Del camino principal parten dos desviaciones a la derecha y, luego, otras dos a la izquierda (la última baja a la Fonfría). Sin tomar ninguna de ellas se alcanza pronto un paraje llano donde crecen grandes avellanos y algunos acebos (1.270 m). A partir de aquí, el camino vira a la izquierda (suroeste) y se torna más impreciso.

Monte arriba, pasada una gran roca (1.320 m), la vegetación ha invadido el sendero, aunque sin llegar a dificultar el avance. Unos metros más allá, la senda dobla al noroeste (1.350 m) y entronca con una pista más marcada. Enseguida aparece una pradera que conserva en su borde oriental un largo muro de piedras.

Desde la orilla septentrional de la pradera, la pista, en dura subida, va girando decididamente hacia el sur para salir a la amplia y verde plataforma de Campodaves (1.480 m).

CampodavesCampodaves.

Si el tiempo lo permite, Campodaves es un buen lugar para sentarse en su amable y verde tapiz a tomar plácidamente el sol y empaparse con sus paisajes. Sobre el sorprendente praderío se elevan los verticales farallones de Remoña y, un poco más lejos, por encima del bosque, en las cortadas del circo de Fuente Dé, se vislumbra el profundísimo tajo de la canal de la Jenduda. La única pega —por poner alguna— es la corta hijuela que desde la cercana pista principal permite el acceso de vehículos todoterreno a Campodaves.

La JendudaLa Jenduda desde Campodaves.

Dejando a la izquierda la remozada cabaña de Campodaves y subiendo en diagonal, se encuentra, un centenar de metros más arriba, en la esquina noroeste del pastizal, un viejo abrevadero en ruinas. De él parte, hacia poniente, por terrosas laderas desarboladas, conformadas por morrenas glaciares, la trocha a la majada de Remoña y el Cabén.

Mapa de la ruta Track (Wikiloc)
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