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La Sierra de Orpiñas

Quien busque la atalaya ideal para analizar visualmente el extenso territorio que vierte aguas al Yuso, la encontrará en Orpiñas. Por su situación y altura, la sierra proporciona excelentes panorámicas de los grandes sistemas montañosos que alimentan al gran afluente del Esla.

OrpiñasLa cara norte de la Sierra de Orpiñas (clic en la imagen para ampliar).

Además, la longitud del cordal, que se prolonga siete kilómetros entre Portilla y el Boquerón de Bobias, abre sin cesar nuevas perspectivas y pone ante los ojos del observador los rincones más recónditos del sector donde la cordillera Cantábrica alcanza sus más altas cotas.

La Sierra de Orpiñas, divisoria de los valles del Naranco y Lechada, enmarca los cielos de Llánaves por el sur, y los del desaparecido pueblo de San Andrés de Lechada por el norte.

OrpiñasLa Sierra de Orpiñas (derecha) y la Hoz de Llánaves desde la ladera del Vallines. Al fondo, el Mojón de las Tres Provincias.

Desde ambos lugares, la subida hasta la cumbre es vertiginosa; pero ojeando los mapas se descubre al momento una posible ruta alternativa de andar más sosegado: la que parte de Portilla de la Reina, en el extremo occidental de la sierra.

Enclavada donde el Puerma y el Naranco se unen para formar el Yuso, la vida de Portilla se desarrolla a los pies de las Corcadas, Vallines y Orpiñas, con el relativo ajetreo que supone ser una de las puertas de entrada a los Picos de Europa.

Sierra de OrpiñasLa Sierra de Orpiñas vista desde el Coriscao.

Y es que de esta localidad, de apenas setenta habitantes, parte una carretera secundaria, construida entre 1930 y 1960, que, tras remontar el puerto de Pandetrave, baja a Valdeón, el concurrido valle donde el Cares comienza a labrar su famosa garganta.

Hoy, mediado el mes de noviembre, dejo el coche en la salida de Portilla hacia Llánaves (1.230 m). Cruzo el puente sobre el Naranco, y continúo por una pista paralela al río.

NarancoEl arroyo del Naranco.

Un frío helador me acompaña en esta mañana de cielo raso que presagia el invierno.

Apenas medio kilómetro más allá del área recreativa acondicionada junto al puente, tomo el camino que asciende por la ladera septentrional de Orpiñas; un camino que, muy pronto, casi de golpe, parece perderse en el mar de brezos y escobas que tapiza la fuerte pendiente ganada por la helada.

OrpiñasEl sendero que asciende por la ladera septentrional de Orpiñas.

Consulto el mapa para cerciorarme de que la senda debe estar ahí, pues, sin ella, salvar la rampa que tengo a la vista parece tarea imposible.

Busco con atención alrededor del último claro, antes de que la maleza se torne continua. La paciencia da sus frutos y no tardo en dar nuevamente con el sendero, estrecho pero ahora mucho más marcado.

Puerto nuevoEl Puerto Nuevo y Portilla de la Reina.

Se trata de un buen camino (como los de antes) que alcanza el denominado Puerto Nuevo zigzagueando entre la vegetación. Localizar este sendero se puede considerar el punto clave de una ruta carente de otras dificultades reseñables.

Desde Puerto Nuevo (1.570 m, 1,9 km), el sendero, aunque sigue figurando en los mapas, se vuelve mucho más impreciso, algo que no constituye ningún contratiempo en un terreno, ahora, fácil de andar. Sólo hay que continuar ascendiendo, sorteando una vegetación no demasiado densa.

La antesala de la Calar son las Peñas del Rey, el dos mil más occidental de Orpiñas, cuyo característico hombro meridional (1.930 m, 3,9 km) brinda magníficas vistas de los valles de Lechada y Piavargas.

Después viene el conspicuo afloramiento calizo de la sierra, con el peculiar ambiente de estos ecosistemas. Desde él gano la cuerda (1.980 m) para, antes de coronar la cima del Pico de la Calar, asomarme a la Hoya de Cuencas, y distinguir muy abajo, junto a la carretera, el diminuto mirador de la Hoz de Llánaves.

En los horizontes del punto culminante de Orpiñas (2.108 m, 5,1 km), se dibujan por doquier valles profundos y grandes montañas, desde el vecino cordal de Peña Prieta hasta los lejanos macizos de Peña Sagra y los Picos de Europa.

OrpiñasPanorámica desde la cumbre del Pico de la Calar. En la parte inferior de la imagen, el caserío de Llánaves y el desfiladero de la Hoz. Sobre ellos se elevan los picos Vallines y Coriscao. En el horizonte, el despliegue cimero de los Urrieles.

Hacia el norte, blanquea el caserío de Llánaves, del que me separa un vertiginoso precipicio de conglomerados. Por el sur, la alta montaña se derrumba sobre Lechada. Sólo por el este, el terreno ofrece una tregua relativa, con su suave declinar hacia el Boquerón de Bobias.

Inicio el descenso desandando el camino hasta las Peñas del Rey, desde donde me descuelgo hacia el sur por el vertiginoso surco labrado por el arroyo que el IGN denomina Hondo.

OrpiñasDescenso hacia San Andrés de Lechada.

Con la vista puesta en los verdes prados de Cuenca, progreso dejando el regajo a mi derecha, y el afloramiento calizo a mi izquierda.

Alcanzo así la ribera del río Lechada cerca del lugar donde estuvo emplazado el desaparecido pueblo de San Andrés (1.400 m, 7,7 km).

Para regresar a Portilla, ya sólo he de seguir la pista que por aquí discurre. En el agradable paseo por la margen derecha del Lechada, conviene ir atentos por si la fortuna nos recompensa con el avistamiento (difícil pero no imposible) de alguna nutria.

Desde el Pico de la Calar, la excursión se puede alargar bajando por la cuerda de Orpiñas hasta el Boquerón de Bobias, donde se enlaza con la pista que conduce a Portilla.

Distancia (total) 12 kilómetros
Ascensión acumulada 890 metros

Mapa de la ruta Track
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