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El Pico Moro

Salgo de Ocejo de la Peña (1.150 m) por una pista que, desde la humilde iglesia parroquial, apunta, primero, al suroeste, y, después de pasar al lado de las escombreras de una vieja mina de carbón que estuvo funcionando hasta los años sesenta, dobla al noroeste.

Pico MoroLa cumbre del Campriondo ofrece interesantes panorámicas del abrupto y desolado entorno de Ocejo de la Peña. Sobre la aldea se elevan el Pico Moro (izquierda) y Peña Rionda (derecha). La zona llana en el piedemonte del Moro es el Prado de Hoyos; para llegar a este paraje desde Ocejo es preciso rodear los resaltes calizos desplegados al sur de la pradera, unos farallones frecuentados por alimoches y buitres.

Entre chopos y cerezos, subo por cómodos bancales, antigua tierra ganada al monte que el monte ha vuelto a conquistar.

Pico MoroPraderas por encima de Ocejo de la Peña.

Arriba a la derecha, un gran montículo de tierra y piedras queda como testigo de los pilares que sostenían el cable aéreo conocido con el nombre de «Triaje», el dispositivo que transportaba el carbón de las minas Tejas de Argovejo a un punto de la carretera entre Santa Olaja y Ocejo distante un kilómetro de esta localidad, donde se cargaba en tren y se llevaba a Santa Olaja y Cistierna.

En el pueblo me contaron la trágica historia ocurrida a principios del siglo XX, cuando el encargado del «Triaje» pensó que ya no quedaba nadie en las minas y cortó la corriente eléctrica, dejando atrapado en el teleférico a un ingeniero alemán que bajaba en esos momentos. El técnico salió de la cabina y comenzó a descender braceando por el cable. Pero abajo lo echaron de menos y pusieron de nuevo en marcha la línea aérea, arrollando al infortunado ingeniero. Como era protestante no lo enterraron en el cementerio del pueblo, sino en un reducido anejo que se dio en llamar el Huerto del Alemán, lugar que acabó desapareciendo debido a las ampliaciones del camposanto.

Me dirijo hacia el promontorio calizo que tengo justo enfrente, cuyas verticales paredes constituyen un hábitat ideal para buitres y alimoches.

buitre

Poco a poco, el verdor se va difuminando y el paisaje se salpica de encinas, zarzarrosas y espinos. De vez en cuando, echo la vista atrás para contemplar la cercana silueta del Campriondo o recrearme con la más alejada de Peñacorada.

Entre tomillares y agracejos, un ancho camino rodea la muralla caliza por la derecha. Abajo vuelve a hacerse visible el caserío de Ocejo, mientras a lo lejos, sobre un perfecto pliegue anticlinal que parece arrancar del mismo pueblo, despunta el Espigüete.

Pico MoroLas paredes del Pico Moro desde el Prao de Hoyos.

Al doblar un recodo (1.460 m, 2 km) aparece Peña Rionda. El camino baja unos metros para encontrarse con el arroyo, lo cruza y arriba a la gran llanada del Prao de Hoyos, sobre la que se elevan los imponentes farallones del Pico Moro.

Cruzo el praderío en dirección a un gran chopo que crece solitario. Un poco más allá, a la izquierda de la pista que sube a unas antiguas minas, borbotea una generosa fuente (1.520 m, 2,9 km); aquí se separan los itinerarios a los picos Moro, Rionda y Cerroso.

Prao de HoyosEl Pico Cerroso desde el Prao de Hoyos. A la izquierda, el collado de Argovejo.

Para llegar a la cima del Pico Cerroso es preciso poner rumbo al nordeste, hacia el contiguo y visible collado de Argovejo. Para alcanzar la abrupta Peña Rionda se encara al norte, donde se yerguen sus empinadas y agrestes laderas. Como hoy mi objetivo es ascender al Pico Moro, pongo proa al suroeste, hacia el collado Genciana (1.658 m, 3,5 km), desde donde una sencilla trepada me deja entre las dos cumbres de la montaña.

La cima meridional se gana con facilidad. Coronar la norte (1.801 m, 3,9 km), que es la principal, es más complicado.

Pico MoroInicio de la trepada. El resalte se puede superar por ambos lados. Las principales complicaciones vienen más tarde.

Desde el collado entre las dos cumbres, llego sin complicaciones a la base de una cresta que se proyecta cien metros hacia el noreste antes de desembocar en el punto culminante de la montaña.

Tras subir unos metros por una fisura fácil, alcanzo una repisa a partir de la cual seguir ascendiendo directamente resulta imposible. Es preciso rodear un gran resalte rocoso. Se puede hacer por la derecha o por la izquierda. Yo lo hago por la derecha (sureste), acometiendo un corto destrepe en el que la sensación de exposición es ya considerable.

A continuación, por una pendiente de tierra y hierba que se hace andando, salgo a la cresta cimera. La arista presenta, entre pequeñas subidas y bajadas, dos estrechamientos.

El primero, aunque aéreo, lo paso bien por la izquierda, donde cuenta con buenas presas de pie y mano; el segundo, un somero collado que da a la cima, me obliga a descender unos metros progresando por el mismo filo y con un vacío impresionante alrededor (ver vídeo). Aunque es mucho más sencillo a la vuelta, se trata de un paso apto únicamente para quienes se sientan muy seguros transitando por lugares aéreos.

Distancia (solo ida) 3,9 kilómetros
Ascensión acumulada 660 metros

Mapa de la ruta Track Wikiloc
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