Picos de Europa Otras montañas Fauna Flora Gea

Ascensión a los picos Lezna y Pumar desde Lores

Situado en la divisoria del Carrión y su afluente el Arauz, el Lezna se yergue frente a la temible cara noreste del Curavacas, muy lejos de cualquier lugar habitado. Montaña de dilatados horizontes, sus vistas de Picos se ven incluso mejoradas en ese remate de su suave contrafuerte noreste que es el Pico Pumar, balcón colgado sobre los cielos de la Liébana más meridional.

El Lezna desde Coto RedondoEl Lezna y el Pumar vistos desde Coto Redondo.

Del nudo formado por el Lezna y el Pumar, descienden hacia naciente tres valles cuyos arroyos rinden tributo al río Arauz. De norte a sur estos arroyos son: el Pumar, el Lezna y el Cortes. Comenzaremos subiendo al Pico Pumar por el valle del Lezna; luego, ganaremos la cima del Lezna siguiendo la loma que une las dos montañas; y, finalmente, descenderemos por Peña Larga, divisoria de los arroyos Lezna y Cortes.

Se trata de una ruta muy larga, carente, en ausencia de nieve, de dificultades técnicas, y en la que solo el vadeo del río Arauz puede plantear alguna dificultad.

Salimos de Lores (1.185 m) por el camino que, siguiendo el curso del Gerino, pasa por las Tenadas (1.370 m, 2,9 km) y alcanza el collado Gerino o de la Cruz de Tañuga (1.642 m, 5 km).

Hacia el collado GerinoHacia el collado Gerino.

Las Tenadas de LoresLas Tenadas.

Collado GerinoCollado Gerino.

Desde este amplio paso, abierto entre Coto Redondo y el Castro, se divisan, lejos todavía, el Lezna y el Pumar, además del espectacular Curavacas, cuya fiera silueta nos acompañará durante gran parte del recorrido.

El camino inicia ahora un largo y suave descenso para, dejando a la derecha la majada de Tañuga, acercarse al Arauz en el punto donde recibe las aguas del Pumar, que poco antes se ha unido con el arroyo de Lezna.

Abandonamos entonces la pista principal (1.590 m, 7,2 km), que marcha rumbo al collado Secarro, en los dominios del Bistruey, y vadeamos el río, bien siguiendo el camino o bien algo más al norte, en función de su caudal.

Al otro lado del río, retomamos la subida, pasamos junto a una flamante caseta y, tras cruzar con facilidad el Lezna, proseguimos por la vertiente derecha (izquierda en sentido hidrográfico) del valle de este arroyo, alejándonos de su estrecha y enmarañada vaguada.

La pista, muy difuminada en los pastizales donde nos encontramos, parece perderse, pero es fundamental seguir su trazado porque, un poco mas arriba (1.690 m, 8,6 km), el escobal se adueña por completo de la ladera meridional de la Mesa Picorbillo.

Inmerso en la densa vegetación, el ancho camino describe un par de pronunciados zigzags, supera el escobal y nos deja en una pradera (1.830 m, 9,5 km), con el Lezna frente a nosotros, y el Pumar, nuestro primer objetivo, oculto tras la loma intermedia de la Mesa Picorbillo, que se alza a nuestra derecha.

Pico PumarEn la pradera donde termina la pista.

Pico PumarEn esta fotografía, tomada desde Peña Larga, se aprecian la pista, la pradera y el canalón de Picorbillo.

Remontamos la loma por el somero canalón de Picorbillo, y, al trasponer los resaltes rocosos que la coronan (2.007 m, 10,3 km), divisamos, cerca ya, el Pico Pumar.

Pico Pumar

Pico PumarEn los neveros del canalón de Picorbillo.

Pico PumarLlegando al Pico Pumar.

Solo nos queda dirigirnos a la cresta que lo une al Lezna, y, desde el collado del Rincón (2.042 m, 11,2 km), ascender los escasos metros que distan hasta la cima (2.066 m, 11,3 km), magnífica atalaya de la Liébana, Picos y Peña Sagra.

Vistas desde el Pico Pumar

Con el Lezna a la vista, desandamos nuestros pasos hasta el collado del Rincón, y remontamos la fácil cresta que nos conduce a su solitaria y panorámica cumbre (2.208 m, 12,7 km).

Pico LeznaEn las rampas finales del Lezna.

En la cima del LeznaEn la cima del Lezna.

En la cima, nos tomamos un largo respiro para contemplar con calma el círculo de montañas que nos rodea, en el que destaca la descomunal estampa del Curavacas, al que el Lezna mira de frente, sin nada entremedias que se interponga.

Descendemos de la cumbre por la loma oriental de la montaña rumbo a la extensa planicie de las Llanas de Lezna.

Pico LeznaIniciando el descenso.

Sin llegar a ella, la bordeamos por el norte (izquierda) para esquivar, por esa mano, el resalte oriental de la llanada.

Pico LeznaRodeando las Llanas de Lezna.

También es factible cruzar las Llanas, y tirar a la derecha del resalte para bajar por el valle de Cortes, en lugar de, como haremos nosotros, seguir por la divisoria entre este valle y el del arroyo de Lezna.

Pico LeznaEn Peña Larga, con el resalte de las Llanas y el Lezna detrás.

Con el escarpe de las Llanas a nuestra espalda, hacemos pie en Peña Larga (1.884 m, 14,3 km), cuyo suave declinar acaba también abruptamente en unos cortados, salvables sin esfuerzo gracias a una providencial canaleta abierta en la vertiente del arroyo de Lezna.

Pico LeznaEl sendero al pie de los escarpes de Peña Larga.

La canal cuenta incluso con vestigios de senda, que, por el pie del resalte, nos llevan de nuevo a la divisoria.

Pico LeznaEn la divisoria, tras bajar de Peña Larga.

El resto de la loma nos obsequia con un tranquilo y ameno paseo. Finalmente, poco antes de que termine (1.640 m, 16,4 km), la abandonamos para bajar a la caseta que llaman la Casa de Cortes (1.640 m, 16,7 km), situada muy cerca del río Arauz, cuyo impetuoso caudal hoy no nos deja más alternativa que mojarnos los pies.

La Casa de CortesLa Casa de Cortes.

Al otro lado del Arauz, enlazamos con el camino de ida (1.590 m, 17 km), por el que recorremos los 7 kilómetros que nos quedan para regresar a Lores.

Vistas desde la cima

Distancia (ida y vuelta) 23,9 kilómetros
Ascensión acumulada 1.290 metros

Distancia (ida) 12,7 kilómetros
Ascensión acumulada 1.130 metros

Mapa de la ruta Track
site stats