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Las Corcadas

La ascensión a las Corcadas se puede iniciar en Casasuertes, Portilla de la Reina o San Martino. Para acortar algo el recorrido, en lugar de empezar a caminar en Portilla, emprendo la andadura en el valle de Pades, en el kilómetro 2,5 de la carretera al puerto de Pandetrave, lugar donde se unen el arroyo de la Boría y el Puerma (1.270 m).

CorcadasLas Corcadas desde la ladera de Vallines. La doble pradera al borde del bosque, en la que hay una cabaña, es la Boría, dominándola, en un alto a la izquierda, se ve la caseta para la observación de la fauna citada en el texto.

Al otro lado del puente de las Barreras, el sendero de la izquierda asciende entre bloques de caliza hasta un prado aledaño que remonto por la derecha.

Enseguida, las calizas dan paso a las pizarras y el terreno se cubre de escobas. Continúo progresando por el filo de la loma, con el rumor del arroyo a mi derecha.

Poco después, entro en el robledal acompañado por el insistente tamborileo del picapinos, el alarmado ladrido del corzo y el áspero rebudio del jabalí.

CorcadasLas Corcadas desde el Coriscao.

Toda una maravilla que se quiebra súbitamente cuando me doy de bruces con una alambrada que corre pareja a la pista de la Boría (1.360 m, 0,5 km). Uno de los alambres es de espino, tal vez para que sortearla sea más emocionante. Desconozco la finalidad de esta barrera: no sé si, como la cerca que circunda el Yordas, trata de evitar que los ejemplares de cabra montés, introducidos también en las Corcadas, se desparramen por la montaña; o su función consiste, simplemente, en mantener el ganado a buen recaudo.

Descarto seguir por la pista y continúo subiendo directamente por el bosque; aun así no tardo en toparme con otro ingenio humano (1.410 m, 0,7 km): una caseta para la observación de la fauna hasta la que llega una pista no representada en ningún mapa.

El observatorio se encuentra estratégicamente emplazado sobre el escampado de la Boría, donde hoy pace tranquilamente el ganado.

Doscientos metros más allá, la pista entronca con la principal (1.440 m, 0,9 km): la que viene de Portilla y alcanza el collado de las Barreras (1.490 m, 1,5 km). En las inmediaciones del collado, el bosque desaparece y el horizonte se alarga.

collado BarrerasVista desde el collado de las Barreras del valle del arroyo de Valdeoscuro y (arriba a la derecha) el collado de Codes (clic en la imagen para ampliar).

El camino que traigo (y que estoy a punto de abandonar) baja a Vallorza, donde se parte en dos: un ramal sube al collado de Codes, y el otro regresa a Portilla a través de la angostura de las Peñas de la Hoz, visible desde donde me encuentro.

Yo tiro por un estrecho y marcado sendero que, entre brezos, pone rumbo noroeste y va elevándose lentamente por la vertiente occidental de la Sillada del Gallo.

El robledal, más ralo, reaparece, pero no impide ver en el piedemonte el ángulo agudo formado por la confluencia de dos franjas de un verde intenso: los valles de los arroyos Valdeoscuro y Majadavieja. Este último tiene sus fuentes en la ladera meridional de las Corcadas; llevamos, pues, el mismo camino, aunque yo voy a contracorriente y el río, de momento, corre unos metros más abajo, formando cascadas en la cabecera de su encajonado valle.

Corcadas

El arroyo Majadavieja desde la ladera de la Sillada del Gallo.

Por terreno desbrozado, y tras dejar atrás el collado intermedio de la Sillada del Gallo (1.556 m, 2,4 km), me pongo en la base, propiamente dicha, de las Corcadas (1.597 m, 3 km).

La ladera de la montaña consta de dos partes bien definidas: una primera herbosa, arañada por las torrenteras que nutren al arroyo Majadavieja; y, cabalgando sobre ella, una segunda parte rocosa, un impresionante crestón de caliza casi vertical.

CorcadasLa cabra montés, además de en el entrono del Yordas, ha sido introducida en las Corcadas.

Este murallón, en apariencia inexpugnable, cuenta con dos puntos débiles: uno al este, justo en la vertical del lugar en el que estoy, donde la pendiente calcárea se suaviza y pierde compacidad; y el otro al oeste, entre las dos cumbres principales, donde aflora la cuarcita en una hendidura que corta el escarpe infranqueable y permite progresar andando hasta la loma cimera. Opto por esta vía, con la idea de descender por la otra.

Reanudo la marcha cruzando la ladera por un sendero casi horizontal. Tras vadear el primer torrente (1.585 m, 3,4 km), la trocha se empina y serpentea por el interior de un incómodo escobal; pero enseguida sale al cauce despejado de la segunda torrentera (1.640 m, 3,7 km), al lado de un anticlinal de arenisca y de una roca caliza arañada por el lapiaz.

CorcadasLas Corcadas desde el collado del Grillo.

Asciendo directamente; el terreno es franco hasta que, a los 1.860 metros de altura (4,2 km), me topo con las llambrias.

Viro a poniente para sortearlas y ganar altura por una zona de hierba y rocas, hasta dar con las peñas verdosas de la hendidura (1.940 m, 4,8 km). La subida por este tajo, rápida y segura, me deja muy cerca de los dos puntos culminantes de la montaña (2.020 m, 5 km).

Enfrente de las Corcadas (2.050 m, 5,3 km), mirando al norte, se yergue, sobre la quietud de Susiella, la Gabanceda. En los tonos pardos de sus laderas, destacan los hilos verdes trazados por los arroyos que descienden para juntarse en el Ceranzo, y los manchones de hayas, verdes también, que, desde las orillas de los torrentes, trepan por las pendientes dulcificadas por el tiempo.

Nada que ver con la deslumbrante colección de cuchillares dibujada en el horizonte, más allá de la Gabanceda: Peña Santa y su torreado contrafuerte, el que va perdiendo altura paulatinamente, desde la Robliza hasta el Jultayu, pasando por Peña Blanca y el Cuvicente, para mitigar su fragosidad en Ario, en la maravilla de Ario, el mirador de Torrecerredo, la luminosa vega que desde el corazón del Cornión se abre a los abismos del Cares. Los Picos de Europa, siempre los Picos de Europa.

CorcadasParte alta de las Corcadas.

Y las Corcadas, en su parte más alta, son como unos Picos de Europa en miniatura. Mirando al este, hacia donde se eleva el apacible Coriscao, la montaña reproduce los típicos jous de Picos. Hacia ellos me dirijo, orillando el ventisquero que llega hasta la cima, para franquear la muralla rocosa por su paso oriental (1.921 m, 6,4 km).

Desciendo por el Sestil de Majadavieja al collado homónimo situado en la base de las Corcadas, el mismo por el que pasé en la subida (1.597 m, 7,5 km).

Continúo bajando al lado del rumoroso arroyo de la Boría, saltando de una orilla a otra hasta que el bosque me recibe entre abedules. En el tupido robledo, poco a poco me separo del regato, que se precipita cada vez más vertiginoso.

El bosque es magnífico; y el sendero que lo cruza, estrecho pero fácil de seguir. En este ambiente tan especial, el trayecto se hace corto, y no tardo en dar con una primera pradera.

El camino, convertido en pista, reaparece al otro lado, por debajo de un grupo de lustrosos acebos verdinegros, y rápidamente sale a los herbazales de la Boría (o las Barreras).

Tras dejar atrás una cabaña (1.355 m, 9,3 km), me dirijo al punto más bajo de los prados, desde donde un sendero, muy poco usado en la actualidad, me lleva hasta el puente sobre el Puerma.

Distancia (total) 10 kilómetros
Ascensión acumulada 820 metros

Mapa de la ruta Track
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