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Cabezo Salines y collado Cerredo

Cabezo Salines es un pequeño promontorio que se yergue por encima del monte Llué, en la salida de la canal de Sabugo, entre collado Cerredo y la majada de Amuesa.

Cabezo SalinesCabezo Salines y Cabezo Llerosos.

Sus buenas vistas sobre Llerosos y Amuesa complementan a las más amplias del cercano collado Cerredo, que también visitaremos.

Subiremos por Pando Culiembro y la canal de Piedra Bellida; y regresaremos por la canal de Amuesa, Bulnes y la canal del Tejo, completando un interesante y largo recorrido por el reborde septentrional de los Urrieles.

Desde Culiembro (436 m), bajo al Cares siguiendo el zigzagueante trazado de una buena senda.

CuliembroEl sendero culebrea hacia el Cares.

Cruzo el río por el puente Viella (325 m, 0,5 km) y comienzo a subir hacia Pando Culiembro.

Puente ViellaEl puente Viella desde la senda del Cares.

Puente ViellaUna vez cruzado el puente, hay que superar un muro protegido con cables y con los pasos tallados en la roca. Pese a las apariencias, este tramo carece de dificultad.

El sendero, bien marcado, dibuja zetas en la ladera cubierta de una vegetación que se hace cada vez más densa.

Pando CuliembroLa subida a Pando Culiembro.

Tras aproximarse a las paredes de la izquierda, el camino vira a la derecha y atraviesa una zona donde crecen tilos, ortigas y espinos. El exuberante mundo vegetal dificulta algo el avance hasta que alcanzo el herbazal cimero de Pando Culiembro.

Pando CuliembroCuliembro, Pando Culiembro y la canal de Piedra Bellida hasta el punto donde empieza a girar a la izquierda. Fotografía tomada desde la Peña.

Desde el collado de Pando Culiembro (650 m, 1,5 km), continúo ascendiendo por un terreno progresivamente más pedregoso.

Piedra BellidaEl itinerario visto desde el collado de Pando Culiembro.

Dejo atrás la Cueva Negra y su escuálida fuente (695 m, 1,9 km), y sigo ganando altura aprovechando las pendientes colonizadas por la vegetación (Cuesta los Areños).

Pando CuliembroVista de Pando Culiembro desde la Cuesta los Areños.

En esas estoy cuando me cruzo con tres montañeros que descienden.

Me preguntan que si llevo crampones. Como mi respuesta es negativa, me aconsejan que me dé la vuelta porque la canal se encuentra completamente cubierta por un nevero que impide el paso. No se ve (ni desde aquí ni desde más abajo) porque la canal lo oculta con el escorzo que hace hacia la izquierda. Toda una sorpresa la que tiene reservada Piedra Bellida a los ingenuos que se llegan hasta aquí sin crampones a mediados de mayo.

Les doy las gracias por la información y sigo subiendo: por lo menos, voy a ver el nevero.

Mientras asciendo, con los ánimos por el suelo, mi cabeza va de los relucientes crampones de aluminio que se estarán partiendo de la risa en el cajón del armario, a las zapatillas de colorines que adornan mis pies.

Por un momento, estoy a punto de jurar en arameo, al recordar que me he levantado a las cinco de la mañana para llegar pronto a Caín y evitar el que yo creía mayor problema de esta excursión: el muchísimo personal que andaría pululando por la aldea y sus alrededores un domingo en cuanto avanzara algo la mañana.

Con estos pensamientos mortificándome más que las piedras del camino, llego al pie del nevero, que no es grande, es... inmenso. El "glaciar" baja del horcado de Talladura y se para delante de mí extendiéndose de lado a lado de la canal sin dejar resquicio ni con las paredes ni a la esperanza.

piedra Bellida

¿Cómo es posible que una masa de nieve de esta envergadura sobreviva hasta los 1.050 metros de altitud, a mediados de mayo y después de una ola de calor? Interesante pregunta esta que me hago mientras compruebo que a la nieve, a la que apenas le empieza a dar el sol, no le hago ni cosquillas con mis zapatillas de colorines.

Una vez perdido suficiente tiempo con lamentaciones y preguntas sin sentido, me pongo a analizar la situación. Por supuesto no voy a correr riesgo alguno ("soldado que huye sirve para otra guerra", o algo así, reza el dicho), pero tampoco hay por qué rendirse a las primeras de cambio.

Piedra Bellida

Lo primero que observo es que la desviación a collado Cerredo (esto es, el punto donde el itinerario se aleja del impracticable canalón que baja del horcado de Talladura) no se encuentra muy lejos, a unos 250 metros. Lo previsible es que, a partir de allí, mi camino esté libre de nieve. No lo puedo saber con total seguridad porque no lo veo, puesto que el camino describe un giro hacia la izquierda.

Piedra BellidaEl nevero, una vez superado.

Con las zapatillas no puedo avanzar por el nevero, ni tampoco por su lateral derecho, donde esta adherido a paredes pulidas y verticales. Solo queda su orilla izquierda. Aquí el terreno es menos escarpado y, a veces, la nieve se aparta algo de la roca dejando rendijas por donde quizá se pueda pasar. Además, por ese lado le está empezando a dar el sol.

Me aventuro. Las trepadas son fáciles y los resaltes cortos. Y donde la dificultad para avanzar por la roca aumenta, piso la nieve y compruebo que le ha dado lo suficiente el sol como para que mis zapatillas de colorines agarren con seguridad.

Y así, poco a poco, salgo del paso.

A partir de aquí (1.170 m, 3,1 km), el itinerario a collado Cerredo gira a la izquierda (norte) alejándose de las zonas encajonadas cubiertas por el nevero.

El terreno, muy pendiente pero hacedero, pues cuenta incluso con senda, se va abriendo poco a poco.

Piedra BellidaLa senda, siempre cerca de las paredes, cruza el nevero y rodea el contrafuerte rocoso que se adentra en la canal.

La canal de Piedra Bellida es ahora una especie de enorme rampa, muy ancha, que desciende del único lugar donde el escarpado contrafuerte noroeste de los Cuetos del Trave tiene fácil acceso. La rampa tiene una suave loma intermedia que me impide ver su mitad izquierda.

Collado CerredoPiedra Bellida desde el Jultayu. Las flechas señalan la posición de collado Cerredo (roja) y Cabezo Salines (azul).

Subo por la derecha de la rampa, cerca siempre de las paredes, hasta superar los 1.400 metros de altitud. La mejor referencia es una cueva abierta en los paredones de la derecha, un poco por encima de donde me encuentro.

Piedra BellidaLa cueva que sirve de referencia para abandonar el lateral derecho de la canal y dirigirse a collado Cerredo.

Estoy en el lugar del que arranca la loma intermedia, que ya no entorpece la visión. Entonces, enfrente, mirando hacia el norte, veo una alargada y suave cresta que corre de este a oeste y acaba en un espectacular cortado. Collado Cerredo (1.480 m, 4,1 km) se encuentra en esa cresta muy cerca de su abrupto final. Tiro hacia él atravesando la rampa sin ganar apenas altura.

Collado CerredoCollado Cerredo visto desde el punto en el que hay que cruzar la rampa.

Collado CerredoEl itinerario hasta collado Cerredo por la canal de Piedra Bellida. Fotografía tomada desde Cabeza Llambria.

No es la primera vez que paso por collado Cerredo, pero, hasta hoy, la niebla siempre me había privado del paisaje. Hoy, sin embargo, el día luce radiante.

Collado CerredoCaín y Peña Santa desde collado Cerredo (clic en la imagen para ampliar).

Collado CerredoLa senda del Cares y Pando Culiembro desde collado Cerredo.

collado CerredoEl monte Llué y las ruinas de su majada desde collado Cerredo.

Desde collado Cerredo me adentro en Amuesa, una especie de meseta que en primavera luce como un pequeño vergel salpicado de praderas brillantes, y me encaramo a Cabezo Salines (1.482 m, 5,1 km).

Cabezo SalinesVista desde Cabezo Salines hacia collado Cerredo. El sendero que conduce al collado discurre justo por encima del bosque.

AmuesaLas verdes praderas de Amuesa y su majada, desde Cabezo Salines. Los pastos crecen sobre las morrenas formadas durante el retroceso del glaciar que bajaba por la ladera norte de los Cuetos del Trave.

Cabezo LlerososCabezo Llerosos desde Cabezo Salines.

Cabezo SalinesLos Albos (izquierda) y el primer Cueto del Trave (derecha), desde Cabezo Salines.

Cabezo SalinesLas cabeceras de las canales de Sabugo y Estorez. Fotografía tomada desde Cabezo Salines.

Retorno a las ondulantes praderas de Amuesa, salpicadas de pequeños jous, y me llego hasta su majada (1.400 m, 6,6 km).

AmuesaLa majada de Amuesa.

En este bucólico paraje la única pega es que las fuentes estén secas, máxime cuando en Picos se acumulan aún ingentes cantidades de nieve por encima de los 1.800 metros de altitud.

Canal de AmuesaEl perfecto valle glaciar de la canal de Amuesa. La canal desemboca en una zona casi llana (los Llanos del Tornu) donde se acumulan grandes bloques rocosos despendidos de los paredones del Canto Collugos (probablemente como consecuencia de la desaparición del glaciar). Este desprendimiento cerró la canal y favoreció la formación de una pequeña laguna. El relleno de esta laguna originó los Llanos del Tornu.

Por el collado Cimá emboco la canal de Amuesa, cuyo bien definido sendero me lleva a los Llanos del Tornu (890 m, 8,6 km), a la fuente del Tornu (esta sí con agua) y a El Castillo, el barrio alto de Bulnes (715 m, 10 km).

El CastilloLlegando a El Castillo.

Puente ColinesEl puente Colines. La vegetación crece sobre un sustrato de pizarras y areniscas estefanienses depositado sobre las calizas carboníferas.

Canal del TejoLa canal del Tejo. En rojo, el perfil del antiguo valle glaciar; en azul, el valle fluvial.

Desde aquí, sin necesidad de pasar por Bulnes, una senda baja al puente Colines (580 m, 10,7 km), donde enlaza con el magnífico y transitado camino que, por la canal del Tejo, desemboca en la senda del Cares (250 m, 13,2 km) muy cerca de Poncebos.

Distancia (total, desde senda Cares) 13,2 kilómetros
Ascensión acumulada 1.320 metros

Mapa de la ruta Track
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