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Picos Cuototín y Anzo

Al sur de Posada se yergue el boscoso Pico Cuototín, de no mucha altura (1.681 m), pero buenas vistas de la Torre del Friero y su entorno.

CuototínEl Cuototín desde el camino a Pantivalles.

El Cuototín es el último eslabón del ramal montañoso que se desgaja hacia el norte de la alineación Gildar-Gabanceda. En el Pico Anzo, unos de sus hitos más señalados, el ramal se desdobla dando forma al valle homónimo, al que separa del puerto de Cable, que queda al oeste, y del puerto de Montó, que cae al este.

CuototínPor los apacibles caminos abiertos en la ladera del Cuototín, con la compañía omnipresente de la Torre del Friero.

Bien entendido que aquí la palabra puerto no significa paso entre montañas, sino pastos de verano. En efecto, Anzo, Cable y Montó son tres de los muchos puertos de altura de Valdeón. Puertos que en el siglo XVII comenzaron a arrendarse a propietarios foráneos de merinas trashumantes. Los verdes prados valdeones se convirtieron de esta guisa en notable fuente de ingresos hasta que la Guerra de la Independencia dio el golpe de gracia definitivo al negocio de la lana leonesa y castellana.

CuototínPanorama desde Peranieva del cordal del Cuototín (clic en la imagen para ampliar).

A partir de entonces, la actividad trashumante fue menguando, y la mayoría de los puertos, unos antes y otros después, dejaron de arrendarse para pasar a ser aprovechados por ganados propios.

Para subir al Cuototín se pueden dar vueltas y más vueltas siguiendo las pistas trazadas en sus laderas, o dejarse de pamplinas y tirar todo derecho desde Posada a la cumbre. Esto último es lo que he decidido hacer en este luminoso domingo de mayo, pues, para rodeos, ya tendré tiempo luego si, como pretendo, me quedan ganas para alargar la excursión hasta el Pico Anzo, bajar a la majada Montó y regresar por la pista de Prada.

De momento, en Posada (920 m), cruzo el puente sobre el río Arenal y cojo el camino viejo de Valdeón, nombre de la pista que va al puerto de Panderruedas, es decir, al mismo sitio que la carretera, sólo que a media ladera, por el bosque y dando un considerable rodeo.

Dejo atrás la oficina de información del Parque, y, cuando llevo ascendidos unos cien metros, cambio la pista por el senderillo que sale a la izquierda.

El camino me pone en la divisoria de la riega de la Hoz y la riega Tranvijón (1.050 m), estoy ya en la loma que me llevará directamente a la cumbre del Cuototín. No tengo más que doblar a la derecha, hacia una sencilla cruz de hierro que mira al valle, y acometer con paciencia la continua y pronunciada subida.

En principio, el terreno es de monte bajo, con profusión de escobas. El camino, no obstante, se abre paso perfectamente y la maleza en ningún momento obstaculiza la marcha.

CuototínEl cordal del Friero y la localidad de Prada desde la subida al Pico Cuototín (clic en la imagen para ampliar).

Pronto alcanzo uno de los puntos más singulares del itinerario: un somero rellano en el borde del bosque (1.140 m), donde medran manzanos y acebos. Se trata de un lugar ideal para observar la Torre del Friero desde el suroeste, pues, además de proporcionar ya una buena perspectiva, cuenta, respecto a miradores más altos, con la notable ventaja de que gran parte del cordal del Friero se recorta en el cielo, en lugar de mimetizarse en las más altas torres del Llambrión.

Tras el rellano, un duro resayo me mete en el bosque, donde hago pie en una de las pistas que suben culebreando desde Posada (1.230 m). La aprovecho sólo mientras mantiene mi rumbo directo a la cima, esto es, durante unos doscientos metros. En cuanto la pista comienza a girar a poniente cojo el primer trechero a mano izquierda y la abandono (1.300 m).

El resto de la subida hasta la cima discurre por un umbrío hayedo, por el que, si nos olvidamos de la pina pendiente, se puede decir que se camina bien.

CuototínEn la acogedora cima del Pico Cuototín.

Desde la cumbre, además de las verdes praderas de las Carricias y las Peñas Cifuentes con Santa Marina en su somonte, se divisa buena parte del cordal del que forma parte el Cuototín, con el Canto Tejedo como la referencia más alejada y elevada.

CuototínLas Carricias desde el Cuototín (clic en la imagen para ampliar).

CuototínPicos de Europa desde el Cuototín. A la derecha, Santa Marina (clic en la imagen para ampliar).

CuototínVista desde la cima del Cuototín (clic en la imagen para ampliar).

Delante del Tejedo, en el borde del bosque, se distingue el verdor de la majada Bujadas, donde el arroyo de Arriba brota con fuerza y forma rumorosas cascadas antes de ocultarse en el hayedo y precipitarse por la cuesta abajo en busca del Cares, al que encuentra a la altura de Caldevilla.

Por el camino abierto en la ladera del Brañujas, el promontorio contiguo al Cuototín, se baja pronto al recóndito oasis de Bujadas, pero yo, para alcanzar el Anzo y las Verdes de Cable, debo olvidarme de sendas y oasis, y tirar por lo más alto del cordal.

Salvo el Brañujas (1.671 m) con facilidad, y desde el collado subsiguiente (1.618 m) acometo la subida a su cima hermana (1.748 m), en cuya pendiente reaparecen momentáneamente las calizas en dos franjas, una de calizas rojas y otra de calizas negras.

Viene después un relajante paseo por la loma, casi horizontal durante medio kilómetro. A la derecha tengo la ya mencionada majada Bujadas; y a la izquierda el valle Perijones.

Precisamente en la cabecera de este valle se yergue la oscura mole de cuarcitas del Canto Tejedo (1.941 m), cuyo ascenso no presenta obstáculos.

Desde la cima, mirando a poniente, se divisa el valle de Anzo; y, volviéndose a naciente, se ve, al pie de la calcárea Peña de las Gulugas, la majada Montó, con sus dos casetas y su aprisco; por esas verdes y placenteras praderas quiero regresar a Posada.

Hacia el sur, el cordal marcha a unirse con la línea principal de la cordillera, alcanzando sus cotas más altas en el Pico Anzo y las Verdes de Cable.

Bajo del Canto Tejedo por su arista occidental, ligeramente aérea, y prosigo por la cresta (1.900 m) hasta el Pico Anzo (1.979 m). El descenso desde esta cumbre a la horcada (1.935 m) que la separa de las Verdes de Cable es corto pero algo peliagudo, por la fuerte pendiente, la molesta vegetación y el terreno, bastante descompuesto. No queda otra que poner los cinco sentidos en cada uno de los pasos.

Una vez en la horcada, los problemas terminan y la subida a las Verdes de Cable (2.015 m) resulta de lo más tranquilo.

Para descender a Montó desando el camino hasta la horcada y me descuelgo por el vallejón que mira a naciente, con la Peña de las Gulugas como referencia.

MontóLa majada Montó.

El terreno es franco y no tardo en alcanzar la majada Montó, hasta cuya caseta más baja (1.580 m) llega una buena pista siguiendo de cerca el curso del arroyo Llalambres. Desciendo por ella, dejando a la derecha el húmedo herbazal del valle Paladín.

Valle PaladínEl valle Paladín.

A la misma mano queda la Gargantera (1.420 m), donde el Llalambres, ahocinado, acelera el paso y espumea formando pequeñas cascadas.

Viene después la solitaria cabaña de la majada de Brez (1.380 m), con sus buenas vistas de las Peñas Cifuentes.

BrezEl cordal del Friero desde la majada de Brez (clic en la imagen para ampliar).

La pista sigue descendiendo por Prado Largo para salir a las suaves praderas de las Carricias, donde se bifurca (1.270 m): un ramal se dirige al este, a Santa Marina; el otro prosigue hacia el norte, y, tras cruzar la riega Ricodes y acercarse a la riega Tranvijón, desemboca en Prada.

Mapa de la ruta Track
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