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El Murcia (por el valle de Valponguero)

Desde su nacimiento, en los aledaños del collado del Grillo, lugar de paso al valle de Lechada, hasta su desembocadura en el Yuso a la altura de Barniedo, el arroyo Valponguero labra un dilatado valle de nueve kilómetros de longitud, casi todo él de orientación este-oeste y escasa pendiente. Un escenario, en definitiva, muy adecuado para el paseo y la observación del ecosistema cantábrico, labor facilitada por la pista, perfectamente acondicionada, que lo atraviesa de punta a punta.

ValpongueroApacibles praderas en la margen izquierda del arroyo Valponguero, en las inmediaciones de Barniedo de la Reina.

El Yuso deja algunas casas de Barniedo en su orilla derecha (entre ellas el bar «Niedo»), pero el grueso del casco urbano, al que se accede por un estrecho puente, se apiña en la margen opuesta.

Por angostas callejuelas me dirijo a la pequeña explanada que queda al este del pueblo, al lado de un puente sobre el Valponguero, una fuente y el mesón «Los Pandos». De aquí (1.150 m) arranca la pista que recorre todo el valle y sirve también como vía de aproximación al Murcia.

A la salida del pueblo, a la izquierda del camino, se mantienen a duras penas en pie dos viejos molinos, cuya herrumbrosa maquinaria ya no muele ni el polvo del olvido (más hacia el pueblo, en la ribera derecha del arroyo, hay un tercer molino y una antigua fábrica de luz).

ValpongueroJuego de luces y sombras en el valle de Valponguero. A la derecha, las praderas de Valdeminguero y la Loma Frión, que desciende del Alto del Espinazo del Perro. A la izquierda, el contrafuerte que baja del collado de Valdelacongosta. Las rocas que afloran son conglomerados silíceos de la Formación Curavacas.

Inmediatamente después viene la desviación a Magánaves (1.170 m, 0,6 km). Continúo por el ramal de la izquierda, que llanea siguiendo de cerca el curso del río.

Al final de una amplísima curva, en el lugar conocido como Peña Corva, la barrera rocosa llega hasta el mismo arroyo, lo que ha obligado a romperla para proseguir con la pista.

ValpongueroValponguero.

El segundo estrechamiento importante del valle acontece a unos cuatro kilómetros de Barniedo, en la desembocadura del torrente Magánaves, que baja de las alturas de la Rasa escondido en una densa vegetación y abriendo un profundo tajo en la roca.

La pista pasa en este lugar de la margen izquierda a la derecha del Valponguero, permitiendo apreciar el cambio de materiales: conglomerados del Curavacas en la orilla izquierda, y pizarras oscuras y areniscas de la formación Lechada en la derecha.

MachorrilEl Machorril, tinado y refugio levantados en el terreno ganado al gran canchal de bloques de cuarcitas y areniscas. Más allá, las praderas heladas de la Casería.

Un poco más adelante se encuentra el Machorril, una cabaña con un curioso establo cuyo tejado sostienen varias columnas de madera apoyadas en grandes rocas. Según Gordaliza y Canal, la palabra «machorril» designaba el lugar donde se recogía el ganado horro.

Acto seguido, el valle se ensancha en las praderías de la Casería, topónimo indicativo de la existencia de casas en el pasado. Aún se pueden ver canalizaciones y rastros de algunas construcciones.

Aquí, el arroyo Valdellanco, que baja del Alto de Valdorejo, se une al Valponguero. A la salida de la Casería, la pista describe una curva, obligada por los contrafuertes de los Altos de Aguasalio, y el valle se vuelve a estrechar. Al fondo se divisa ya el Murcia; y a su izquierda, el amplio collado de los Muslares.

La cuesta se empina mansamente en el paraje conocido como Boca el Joyo, donde este torrente, más invisible aún que el Magánaves debido a la intrincada vegetación de sus márgenes, se suma al Valponguero.

Mientras el río corre con fuerza a mi derecha, paso una talanquera y alcanzo la cabaña de Rozalacalle, sita a unos seis kilómetros de Barniedo. Hasta aquí, la pista ha salvado un desnivel de unos doscientos cincuenta metros. En este punto se bifurca: un ramal enfila hacia el sureste por el valle de Gustalapiedra, una de las posibles vías de acceso al Murcia; el otro, Valponguero arriba, se encamina al noreste.

Nada más empezar a caminar por la pista que desde Rozalacalle (1.400 m) se dirige al sureste, dos puentes, levantados en la juntura del Valponguero y el Gustalapiedra, permiten salvar ambos ríos.

A continuación, la pista describe una curva y comienza a ganar altura entre grandes escobas. A mis pies van quedando las verdes praderas regadas por el Gustalapiedra; por encima de ellas se despeñan los torrentes que manan en los costados del Murcia. De sus orillas brotan filas de abedules. El resto de la ladera lo ocupan brezos y escobas.

En kilómetro y medio cumplido desde Rozalacalle, se deja ver una cabaña (1.560 m), detrás de la cual se despliega el agreste anfiteatro formado por los torreones de los Altos de Martín Vaquero.

MurciaLos Altos de Martín Vaquero y Gustalapiedra.

Salto el arroyo y me dirijo hacia las pequeñas cascadas dibujadas por el torrente antes de refrenarse en la pradera.

GustalapiedraGustalapiedra.

Más arriba, una gran roca aislada sirve de referencia (1.670 m). Una vez a su altura, viro hacia el este y acometo el ascenso de la ladera del Murcia propiamente dicha, la larga y dura cuesta suroeste de la montaña, conocida como la Panda del Hielo.

MurciaLa enorme ladera suroeste del Murcia.

Para progresar aprovecho, primero, una franja libre de maleza, y, después, el cauce seco de una torrentera. Culebreando entre las escobas, alcanzo sin contratiempos la zona donde afloran los conglomerados (1.850 m).

A 1.920 metros, las rocas dan paso a una superficie herbosa, una vasta pradera inclinada cruzada por un reguero que nace a casi 2.100 metros de altitud. Por encima de ella se iza la cumbre: una formidable acumulación de cuarcitas devónicas.

Mientras la gran mole del Espigüete comienza a asomar por encima del cordal que arranca de la Cerezuela, asciendo en busca de las fuentes del riatillo para echar un trago y reponer fuerzas.

EspigüeteEl Espigüete desde la cima del Murcia.

Luego, poco a poco, me acerco al canchal de cuarcitas, donde enlazo con el marcado sendero que por la arista meridional trepa a la cima (2.349 m), un encumbrado pináculo, mirador directo de los antiguos circos glaciares esculpidos en la cara norte del Espigüete.

Tiendo la mirada sobre el inmenso círculo de valles y montañas que me rodean. Entre ellos, hacia el suroeste, blanquean los diminutos caseríos de Valverde de la Sierra y Besande.

MurciaCrepúsculo vespertino en Picos de Europa desde la cima del Murcia.

Recuerdo los atardeceres pasados en esta prodigiosa atalaya; el sol sumergiéndose a la derecha de Ten en el mar de algodón de las nubes que avanzan por los valles cantábricos; el silencio de la noche apenas roto por el tintineo lejano de las esquilas; la claridad de la luna reflejada en la albura de las paredes calizas; el páramo de la Meseta, tan sobrio de día, constelado con la luz de incontables luminarias.

Distancia (solo ida) 10,8 kilómetros
Ascensión acumulada 1.205 metros

Mapa de la ruta Track
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