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La Gabanceda

La cima de la Gabanceda se gana desde el puerto de Pandetrave tras una corta y tranquila caminata. Pero es más sugestivo el itinerario que, desde San Martino, atraviesa los idílicos y recoletos valles de Ceranzo y Susiella.

GabancedaLa Gabanceda (izquierda) y Jario (derecha) desde la ladera del Vallines.

gabancedaLa Gabanceda vista desde la Torre de Salinas.

El Ceranzo se une al Puerma a la altura del kilómetro 4,4 de la carretera al puerto de Pandetrave. Unos metros antes, arranca de la calzada la pista que enfila hacia Susiella en compañía del primero de los ríos mencionados (1.300 m).

GabancedaLa Gabanceda (izquierda) y los Picos de la Silla desde las inmediaciones del puerto de Pandetrave.

En un corto espacio, un par de puentes cruzan los dos cursos fluviales, dejando entre ambos las ruinas de la misteriosa abadía de San Martino, donde se descubrieron, hace algún tiempo, antiguas sepulturas humanas.

La pista corre horizontal entre una hilera de escobas amarillas, dejando antiguos bancales y el Calar de San Martino a la derecha, y los últimos farallones de las Corcadas a la izquierda.

GabancedaLa Gabanceda desde las Corcadas. Los dos arroyos principales que bajan de la montaña son el Susiella (izquierda) y el Gabanceda (derecha). Los separa el largo contrafuerte que termina en el Pico de la Braña, en cuyo pie (donde se levanta una caseta) se unen para formar el Ceranzo.

Luego, después de pasar un tercer puente (1.340 m, 1,1 km), entra en el sombroso hayedo que tapiza la falda oriental de las Corcadas, y se eleva lentamente.

Un kilómetro más allá, otro puente (1.400 m, 2,2 km) salta de nuevo a la orilla izquierda del Ceranzo, terreno despejado, cubierto de vegetación arbustiva, desde donde se vislumbra ya la fachada septentrional de la cresta caliza de las Corcadas.

SusiellaJuntura de los arroyos Susiella y Gabanceda.

Con pequeñas cascadas, el río anuncia la proximidad de su nacimiento, fruto de la confluencia de los arroyos Gabanceda y Susiella a los pies del Pico de la Braña.

En la juntura (1.430 m, 2,7 km), la pista se divide: cada ramal sigue el curso de un arroyo dejando en medio una cabaña.

Mirando al norte, hacia el hontanar del Gabanceda, se ve a lo lejos, ya en tierras valdeonas, el peñasco calizo que cobija los restos de la vieja majada de la Braña. Mi intención es descender por allí; pero ahora cruzo el puente tendido sobre el horcajo, y continúo caminando por la margen derecha del Susiella, vadeando las torrenteras que se escurren desde las Corcadas y van engrosando su caudal.

Un kilómetro después del último puente, cuando el curso principal vira al norte (1.510 m, 3,9 km), abandono la pista y tiro por una senda que asciende por la orilla izquierda del arroyo.

SusiellaPrimavera en Susiella.

En el horizonte se dibuja la silueta de la Gabanceda. También se divisa prácticamente todo el itinerario hasta la cumbre. El paraje continúa siendo de una extraordinaria placidez: pequeños prados de un verde intenso, alimentados por el riatillo, orlados de hayas y escobas, y saturados de flores.

Cuando la pradera se ensancha (1.560 m, 5,1 km), el sendero se separa unos metros del Susiella. Es una separación momentánea, y ambos, camino y río, tras reencontrarse al final del herbazal (1.640 m), marchan juntos otra vez, por terreno cada vez más empinado, hasta dar con el manantial del arroyo, en un roquedal donde se acumulan grandes bloques de caliza (1.800 m).

GabancedaSobre el verde praderío de Susiella se elevan las Corcadas. En primer plano, el valle por el que se efectuó la subida. Fotografía tomada cerca de la cumbre de la Gabanceda.

Estoy prácticamente en la vertical de la cumbre, en terreno de acusada pendiente. Pese a ello, en lugar de dirigirme al collado que se abre al oeste de la montaña, me encamino directamente a la cima, trepando por gradas herbosas que facilitan el avance; después, rodeo por la derecha (este) los riscos calizos que son la antesala del punto culminante de la Gabanceda (2.034 m, 6,7 km).

GabancedaLa cumbre de la Gabanceda (lugar desde donde se ha tomado la fotografía) es un olistolito calcáreo en el que destaca su impresionante cara norte, una espectacular pared cortada a pico, cuyos desprendimientos han formado un notable pedrero. Enfrente, en tierras valdeonas, se yerguen los Picos de la Silla, constituidos también por calizas de edad estefaniense.

Cima este de la GabancedaAntecima oriental de la Gabanceda.

Hacia naciente, al pie mismo de la montaña, se yergue el monolito calizo en cuya base la antigua majada de la Braña ya no es nada más que unos cuantos círculos de piedras inscritos en el verdor de la pradera. Más abajo, en la cuesta que se precipita hacia el Ceranzo, se divisa otra pradera rodeada por el escobal. Por ahí intentaré bajar.

Vídeo grabado desde la Gabanceda.

Me descuelgo de la cima por la despejada ladera oriental de la montaña, evitando así la falda meridional, plagada de escobas.

Del pedrero acumulado al este de la cumbre, arranca una de las torrenteras del arroyo Gabanceda. La cruzo y alcanzo al instante la senda que viene de Pandetrave. En lugar de seguirla, continúo, como el arroyuelo, descendiendo hacia el sur, pasando entre las dos rocas calizas más próximas a su orilla izquierda.

GabancedaLos restos de la majada de la Braña.

Unos metros más abajo se encuentra la majada (1.780 m, 7,8 km). Entre las pocas piedras que quedan en pie, colea la remilgada collalba, y crecen ortigas y geranios. No hay más señales de actividad.

Reanudo la marcha por el herbazal de la derecha. Al otro lado del regato que baja de la majada, está el pastizal ribeteado de escobas que veía desde la cumbre. La maleza medra en su borde más bajo, formando una franja no muy ancha por la que se pasa bien.

Después viene un pradejón más pendiente. Lo cruzo en horizontal por su parte alta y entro en el hayedo, que aquí es muy estrecho y da paso enseguida al breñal intransitable. En vez de penetrar en el escobal, bajo por el interior del bosque, a dos pasos de su borde pero sin salir nunca de él, hasta alcanzar de nuevo el arroyo Gabanceda (1.500 m, 9,3 km), al que, siempre por su vertiente izquierda, vengo siguiendo desde su nacedero.

SusiellaDescendiendo por el valle de Susiella. Al fondo, Vallines; más cerca, detrás del hayedo, la ladera caliza del Calar de San Martino.

Estoy ya en los verdes y suaves prados por donde, más pausado, con el sendero junto a él y las Corcadas comprimiendo el horizonte, el río prosigue corriendo hacia el sur para unirse al Ceranzo un kilómetro más allá.

Distancia (total) 13,1 kilómetros
Ascensión acumulada 770 metros

Mapa de la ruta Track (Wikiloc)
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